
Cuando uno lee La guerra y la paz de Tolstói, puede imaginar el sonido de los tambores, tocados por los correosos zuavos y en marcha sobre las estepas en los finales del casi testimonial otoño. Los sonidos de hoy no son todos de guerra, pero hay algunos signos en todas partes y armas reales a distancias cada vez menores. Seguramente gobernar en ese escenario tiene varias implicaciones preocupantes.
Sin embargo, ahí vamos. La presidenta de la República ha diseñado una estrategia internacional que ha dado resultados excelentes dentro de lo que cabe. Al parecer, Donald Trump ha tenido algunas dudas y esa circunstancia que parece poco en realidad es muy importante.
Seguramente los tanques pensantes del frente comercial estadounidense han podido retardar el paso siguiente y la estrategia mexicana ha sido discreta en sus formas, pero adecuada en el fondo.
Por supuesto, no es fácil generar las dudas —esta vez— salvadoras. También, es posible que las pausas no vayan más allá del 2 de abril fatídico. Lo importante es que la guerra comercial ha sido colocada entre las acciones que no deben tomarse, porque en un conflicto de esa naturaleza, como en todas las guerras que se conocen, todos los participantes son perdedores al final del día.
A veces es necesario recordar lo que pasó en el pasado, cuando la principal razón de las crisis económicas fueron los desajustes entre la oferta y la demanda. Ahora el asunto es casi planetario y los procesos económicos de toda la humanidad se encuentran, directa o indirectamente, encadenados.
Por eso tienen razón varios premios Nobel de Economía. Acemoğlu, por ejemplo, sostiene con toda energía que las economías cerradas hoy en día constituyen un camino más rápido hacia los desastres humanos. Tal vez Donald Trump se vea alguna vez en el espejo y pueda percibir que su política económica no solamente será ineficaz, sino poco estética. Es posible… aunque quién sabe.
Para los mexicanos no abundan las esperanzas en el asomo al espejo. Y, por eso mismo, el Gobierno mexicano ha tomado decisiones importantes, no solamente en materia comercial (arancelaria), sino en planos tan importantes como el manejo bancario, operado por los particulares, pero a la sombra del Banco de México.
Así lo indican, en otro ejemplo, las tasas de interés y una atención muy eficaz sobre la masa monetaria. La política mesurada en el tema de los intercambios comerciales no se limita en ello.
En lo que se esperan los resultados del 2 de abril, la vida del país sigue su marcha y la presidenta Claudia Sheinbaum así nos lo hace saber con sus acciones internas.
Una de estas acciones ha sido la visita al estado de Chiapas, adonde ha ido para revisar y fortalecer proyectos educativos que, por primera vez en mucho tiempo, constituyen arietes consistentes para abrir caminos que no sean solamente lances literarios.
También, en otro orden, ha ido a anunciar la reconstrucción del ferrocarril que estaba en práctico abandono. Esta vía es estratégica porque constituye un corredor desde y hacia América Central, así como tiene un alto potencial dentro del proyecto interoceánico. Esta circunstancia era entendida desde el Porfiriato, a pesar de todo. Toda la región costera y la frailesca, en Chiapas, vivirán mejores tiempos. Prestar atención a nuestro entorno es esencial. Prestar atención al Sureste mexicano también lo es. Lo uno y lo otro es urgente.