
La confirmación de que México participará en la prueba PISA 2025 debería poner fin a las polémicas y especulaciones infundadas sobre la supuesta negativa del país a formar parte de esta evaluación internacional. Más allá de los debates estériles y los intentos de judicializar una decisión de política educativa, lo importante es reconocer que mantener esta evaluación es un paso necesario para diagnosticar con objetividad el estado del sistema educativo nacional.
La prueba PISA, impulsada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), evalúa las competencias de estudiantes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias. No se trata de una prueba que mida únicamente la memorización de contenidos, sino la capacidad de los jóvenes para aplicar conocimientos en contextos reales, resolver problemas y analizar información. Su objetivo es proporcionar datos comparables a nivel internacional para que los países participantes puedan conocer sus fortalezas y debilidades en materia educativa.
En este contexto, el secretario de Educación Pública, Mario Delgado Carrillo, fue claro al desmentir las versiones que atribuían la participación de México en PISA 2025 a un mandato judicial. “No existe ninguna medida jurisdiccional vigente que obligue a la aplicación de esta prueba”, puntualizó. La decisión de participar fue tomada desde mayo de 2024, cuando el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador dejó claro que México seguiría abierto a las evaluaciones internacionales en materia educativa. “Todo lo que tenga que ver con la educación se apoya”, afirmó en su momento.
La aclaración es importante no solo para disipar rumores, sino para reafirmar el compromiso del país con la evaluación objetiva del sistema educativo. Aunque la Nueva Escuela Mexicana (NEM) plantea una perspectiva centrada en la autonomía docente y en diagnósticos personalizados, reconocer las limitaciones de las pruebas estandarizadas no implica renunciar a ellas. La evaluación diagnóstica y la estandarizada son herramientas complementarias para construir una radiografía completa del aprendizaje.
Por ello, la realización de la prueba piloto en octubre de 2024 en Hidalgo, Estado de México y Tlaxcala, con la participación de más de dos mil estudiantes, fue un primer paso necesario para garantizar la validez de los instrumentos de evaluación. Ahora, en abril y mayo de 2025, la prueba principal será aplicada por el Centro Nacional de Evaluación (Ceneval) en 321 escuelas de todo el país, con una muestra representativa de aproximadamente siete mil estudiantes. Este proceso es clave para asegurar que los resultados reflejen fielmente la realidad educativa de México.
Los datos que arroje la prueba PISA permitirán identificar los problemas estructurales y coyunturales que enfrenta la educación en México. No se trata de aceptar los resultados como un veredicto inamovible, sino de analizarlos críticamente para corregir deficiencias y fortalecer las políticas públicas. El propio Mario Delgado ha señalado que las pruebas estandarizadas como PISA tienen limitaciones importantes, pero esto no las descalifica, sino que obliga a interpretarlas en su justo contexto.
Es cierto que la NEM plantea evaluaciones más centradas en el diagnóstico personalizado, lo cual es positivo en términos de atención directa a los estudiantes. Pero también es cierto que las pruebas estandarizadas permiten tener una visión macro de los retos educativos, más allá de la experiencia individual en el aula. Si se pretende construir un sistema educativo robusto, es necesario atender ambos niveles de análisis.
Además, la participación en PISA es un ejercicio de transparencia. Evitar esta evaluación podría interpretarse como una negativa a reconocer los problemas de fondo en el sistema educativo. Y aunque los resultados puedan ser duros o incómodos, es preferible enfrentar la realidad con datos verificables antes que esconderla bajo la alfombra. El primer paso para transformar la educación es conocer, sin ambigüedades, en qué punto nos encontramos.
En ese sentido, es destacable que la SEP haya decidido retomar y corregir aspectos fundamentales, como la revisión permanente de los libros de texto gratuitos. Este tipo de autocrítica y disposición a enmendar errores es clave para avanzar. La educación no es estática, y cada generación de estudiantes enfrenta retos distintos, por lo que los materiales y métodos deben actualizarse constantemente. La crítica constructiva y el análisis de evaluaciones como PISA son herramientas para ese proceso de mejora continua.
Por otro lado, es necesario entender que las evaluaciones como PISA no son una competencia entre países, sino una oportunidad para aprender de las mejores prácticas internacionales. Países que históricamente han obtenido buenos resultados han desarrollado políticas educativas que pueden ser adaptadas y contextualizadas para México. Esto no implica copiar modelos ajenos, sino inspirarse en estrategias que han demostrado ser efectivas en contextos similares.
Dejar de participar en evaluaciones internacionales sería un error, pues significaría renunciar a una herramienta clave de diagnóstico. México debe aspirar a tener una educación de calidad, basada en el conocimiento, la innovación y la inclusión. Y para lograrlo, es indispensable contar con mediciones objetivas que permitan identificar áreas de oportunidad.
En definitiva, la decisión de seguir participando en PISA 2025 es acertada y necesaria. No por imposición judicial ni por presión de actores externos, sino por la convicción de que la educación requiere diagnósticos constantes y rigurosos. Más allá de las polémicas, el objetivo debe ser siempre la mejora del sistema educativo en beneficio de las y los estudiantes mexicanos.
Es tiempo de dejar de lado las controversias estériles y enfocarse en lo esencial: garantizar una educación de calidad que permita a las nuevas generaciones enfrentar los retos del presente y del futuro. La participación en PISA es un paso en esa dirección, y cada dato, cada resultado, debe ser asumido como una oportunidad para construir un México más preparado y más justo. Eso pienso yo, usted qué opina. La política es de bronce.
Consulta esta Opinión en video a través de YouTube:
https://www.youtube.com/watch?v=nCVGuoUMbVE