Los dueños del futbol

Por: Oscar Vázquez Chávez @OscarVazquezCh

El ocaso del Mundial 2026 comienza con la eliminación de México contra Inglaterra, la afición mexicana se robó el espectáculo, se lo llevó esa marea verde que resurgió como hace décadas no sucedía, se lo llevó el mejor anfitrión del mundo: el pueblo mexicano. Y así como hace una oleada arrastró hasta a los menos futboleros, la pasión con la que se entregó la gente a su selección hizo historia y ni la FIFA, ni Trump, ni Infantino, ni ningún otro la podrán acaparar como siguen intentando, la pureza de la afición auténtica a un deporte predominantemente popular es muy poderosa y ya ha dejado huella en una generación.

Es difícil explicar hasta para nosotrxs lxs mexicanxs cómo funciona ese volcán apasionado que el mundo vio maravillado en días pasados, y es que así somos, desbordantes, orgullosos de nuestra identidad, podemos ir de cero a cien con las emociones, así como vivimos la alegría de los goles, también hoy estamos procesando una resaca nacional para recargar batería rumbo al siguiente capítulo en el que la afición despierte para hacerse sentir.

Con la cínica intervención de Trump para que la FIFA eliminara una tarjeta roja a un jugador de su selección queda claro nuevamente que este evento tiene padrino y como es obvio se siente el dueño de la fiesta, un “dueño” que no entiende ni qué es ni cómo se juega el futbol, un dueño caprichoso y terco, ambicioso y pueril, lo que él y muchos no entienden es que en el futbol, como en muchos ámbitos de la vida,  la propiedad tiene límites mucho grandes de lo que se imaginan, este deporte es un fenómeno social que arrastra masas y que todas las expresiones que despierta en México y en todo el mundo son auténticas, que las familias, comunidades y organizaciones giran alrededor del futbol y de todos sus significados colectivos y comunitarios, no de los directivos y sus reglas ni de los capitales que se invierten para hacer a toda costa un evento excluyente. Una cosa es ser propietario y otra cosa es ser poseedor y el pueblo tiene legítima posesión de lo que cobra vida porque despierta cuando le apasiona.

La afición mexicana es muestra de ello, muchxs en el mundo se extrañaban y hasta criticaban las celebraciones multitudinarias en todo el país, “¿por qué celebran tanto si pasaron a segunda ronda?”, y nuevamente cuesta trabajo explicar, pero es que la pasión mexicana está al borde todo el tiempo y por algunas razones explota con notoriedad, evidentemente la selección nacional de futbol es una de esas razones.

Por supuesto que cualquier aficionado mexicano que tenga un contexto mínimo en términos deportivos podría reconocer que Ecuador era un reto serio y que Inglaterra era una aduana muy complicada, pero nosotrxs supimos nuevamente apropiarnos de lo que es nuestro y tomamos por asalto la fiesta que nos significa el futbol, no hay duda de que la afición mexicana se lleva el protagónico de este mundial, no lo digo yo, lo dice el mundo entero que nos mira desde cerca y desde lejos, lo hicimos cantando, nadando, bailando, gritando, riendo, volando, sin lana para los impagables boletos para entrar al estadio pero dándole vida al futbol con la pasión vaciada en las calles y las plazas públicas, en ello es necesario reconocer que los gobiernos de Clara Brugada y de Claudia Sheinbaum tienen el mérito de entender a la gente y facilitar lo más posible que nos pudiéramos reunir para vivir el mundial en el espacio público.  

Estos capítulos nos dejan aprendizajes colectivos que se irán asentando con el tiempo pero pienso que la motivación que recibe la sociedad de ver a un equipo que hizo un gran trabajo en la cancha y que se atrevió a jugar frente a frente a pesar de las limitaciones que ya conocemos, es un revulsivo al ánimo nacional, esas alegrías que nos dieron los goles y la entrega del representativo nacional sí dan un empujón anímico real, y a pesar de la dolorosa derrota, se quedan instalados el anhelo y el impulso de volver a encontrarnos para creer juntxs como solamente nosotrxs sabemos hacer.   

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