
Nuestro país es el único en el mundo que pronto se convertirá en anfitrión por tercera ocasión del mundial de futbol, la primera participación de nuestro seleccionado nacional fue en Uruguay 1930 y en total ha participado en 17 ocasiones, ha jugado 60 partidos, ganando 17 de ellos y perdiendo 28. Es el certamen deportivo más observado del mundo con 5 mil millones de espectadores atentos a los resultados de 48 selecciones en un total de 104 partidos. El futbol es un deporte que despierta pasiones en todo el mundo y para México esta es una nueva oportunidad para retar a lo que parece ser “un destino maldito”.
Nuestra selección de futbol ha logrado clasificar a cuartos de final solamente como local en 1970 y en 1986, en el resto hemos quedado fuera en tiros penales o en tiempo regular, pero “el Tri” siempre ilusiona a la afición mexicana, durante sus juegos las ciudades se detienen y nos reúnen para verles jugar, rezando (literal y figuradamente) por alcanzar la siguiente ronda, millones de mexicanas y mexicanos han hecho hasta lo imposible por asistir a los estadios y apoyar a la selección nacional aunque el desenlace termine en lágrimas.
Y lo que todas y todos los futboleros nos preguntamos es ¿por qué siempre nos quedamos en el camino? ¿por qué se nos niega el triunfo en la competencia deportiva que más nos importa? ¿por qué nada más no logramos reunir a 11 mexicanos que jueguen como un equipo ganador? ¿qué pasa con la competitividad del deporte más jugado y que cuenta con más inversión en México?
No pretendo responder como un experto en la materia pero sí con un análisis crítico que millones de aficionados hemos dialogado desde hace décadas: el interés económico ha devorado al deporte, el desarrollo de los jugadores de alta calidad se ha pospuesto por dar prioridad a las enormes transacciones entre los clubes, los dueños de los equipos decidieron hace 6 años cancelar el ascenso y el descenso con un supuesto esquema de expansión de la liga profesional copiado de la liga estadounidense, mismo que da prioridad a la inversión económica en infraestructura y a la compra/venta de franquicias pero que no deja claro qué manera eso incrementa la calidad deportiva del futbol nacional.
El mundial de futbol es un gran negocio que administra la FIFA, organismo encargado de organizar la competencia mundial cada cuatro años y que se ocupa de garantizar las condiciones para ofrecer un espectáculo atractivo, en esta ocasión el mundial se amplió de 32 a 48 selecciones participantes, dando la bienvenida a selecciones con ligas débiles y seleccionados poco competitivos, poco se espera de encuentros como Alemania contra Curazao o España contra Cabo Verde, pero en términos financieros la FIFA busca incrementar considerablemente las ganancias pasando de 64 a 104 partidos.
México y Canadá serán la sede solamente 13 partidos cada uno, por nuestra parte ello ha implicado una inversión total de más de 53 mil millones de pesos para adecuar infraestructura con base en las necesidades que establece la FIFA, la inversión pública se ha aplicado sobre todo en movilidad destacando la CDMX con más de 23 mil millones de pesos destinados a infraestructura permanente. Algunos cálculos apuntan a que dicha inversión podría representar una derrama de 65 mil millones de pesos pero la realidad es que la mayor parte cae en los bolsillos de grandes empresas y de las televisoras que compran los derechos de transmisión y que venden espacios de publicidad.
La organización del mundial 2026 fue respaldada por Peña Nieto en enero de 2018 y esa definición se sostuvo por AMLO y Sheinbaum, desde mi perspectiva ha implicado una “herencia” no deseada, las prioridades del país son otras en su nuevo rumbo y si la derrama económica no alcanza las expectativas todos los actores involucrados saldrán perdiendo en distintos sentidos. Lo mejor que le podría pasar a México en este mundial es que nuestra selección logre pasar en primer lugar de su grupo y mantenga viva la ilusión de la afición hasta las rondas más avanzadas, de no ser así el torneo pierde el ánimo de la afición que más acudirá a los estados aquí y en EEUU. Habiendo dedicado tanto tiempo, dinero y esfuerzo a prepararnos como anfitriones quedarnos fuera antes del quinto partido recalcaría “la maldición” que nos persigue de ediciones anteriores y podría generar pérdidas económicas.





