
La propuesta de Reforma Electoral de la Presidenta Claudia Sheinbaum contiene un elemento que sin duda atiende a una exigencia popular añeja, un pendiente político que se había postergado por décadas: terminar con la pervertida representación plurinominal, dotando de mayor legitimidad a la representación popular. Dicha exigencia se atiende de la siguiente manera.
Hoy las cámaras de Congreso de la Unión se componen de la siguiente manera: la Cámara de diputados se conforma por 500 diputaciones, 300 son electas de manera directa en los 300 distritos electorales en los que se divide el territorio nacional, las 200 restantes se dedican a la representación proporcional o plurinominal, el país se divide en 5 circunscripciones y cada partido político arma una lista de 40 personas propuestas por circunscripción, con el resultado de la elección en cada circunscripción se conforma la lista final, “repartiendo” proporcionalmente dichos 40 espacios entre los partidos políticos. La Cámara de Senadores se conforma por 128 senadurías en total, 64 de estas son duplas ganadoras (2 por entidad federativa), 32 más son los segundos lugares por entidad y las 32 restantes entran por lista de representación proporcional en el mismo esquema de listas cerradas que en la Cámara de Diputados.
Esa dinámica anquilosada se terminará con la aprobación de la propuesta presidencial: se mantienen las 500 diputaciones totales así como las 300 diputaciones electas de manera directa en sus distritos pero las listas cerradas de la representación proporcional o plurinominal desaparecen, se sustituyen de la siguiente manera: 96 diputaciones serán los mejores segundos lugares en sus distritos, 96 más se eligen a partir de listas abiertas por circunscripción, mientras que las 8 restantes serán designadas para la elección directa de las y los mexicanos en el exterior.
La nueva forma de elegir la representación de las fuerzas minoritarias en este país refrescará nuestra democracia, la inclusión de los mejores segundos lugares y el sistema de listas abiertas dan paso al debilitamiento de las cúpulas partidistas que se “apañaron” históricamente los primeros lugares de las listas cerradas para sus negociaciones, para personajes impresentables y hasta para sus familias, las listas abiertas darán posibilidad al pueblo de votar de manera directa por los que considere los mejores perfiles de las listas e incluso podrán elegir un partido diferente por el que votaron en su distrito, pudiendo incluso “castigar o premiar” al partido respectivo por conformar una lista plagada de “cuotas y cuates”.
En el Senado de la República se proponer desaparecer la innecesaria representación proporcional de listas cerradas, otro camino que se usó para los compromisos de la cúpula partidista en turno, así es como se reduce el número de escaños a 96 totales, las 64 duplas ganadoras y los 32 mejores segundos lugares, fortaleciendo la legitimidad de la representación federalista del Estado mexicano.
Es muy trascedente la desaparición del modelo plurinominal de listas cerradas pues con ese esquema se ha alejado la posibilidad de construir el relevo generacional que requiere nuestro país, las listas cerradas se han llenado con los mismos nombres de siempre, en algunos casos de políticos experimentados y talentosos pero que, al postularse una y otra vez, impiden que perfiles frescos y agendas actuales logren avanzar.


