Cuba… otra vez

Por: Raúl Bonifaz @Bonifaz49

El maestro Vicente Lombardo es otra vez referente. Cuando había problemas en alguna parte de México, el maestro escribía sobre otro punto geográfico nacional, y cuando había dificultades en el país, de inmediato volvía su diestra pluma hacia otras latitudes. A la Grecia aristotélica o presocrática, madre de todas las culturas, o a la Roma de Trajano. Cuando el clima se puso duro con los militares griegos, don Vicente habló de… ¡Tula, la inmortal!

Fieles a esas enseñanzas podemos hablar de Cuba, otra vez, aunque sin repeticiones. Aquel país se viene abajo y ese colapso es de lamentarse; en primer lugar, porque la isla fue un referente para varias generaciones de mexicanos; y en segundo lugar, porque millones de cubanos han llegado al plano de la sobrevivencia en aras de un ideal que es válido en la teoría, pero que es una verdadera trampa histórica en la realidad.

La utopía ha terminado. En la ex Unión Soviética llegó el capitalismo con todas las potencialidades en un territorio que parece interminable. Ahí, la expansión del mercado ha generado un sector ruso de personas de altos ingresos, ya sea por actividades lícitas o de las otras.

Lo mismo sucede en China, donde el Partido Comunista Chino administra uno de los esquemas de producción de plusvalía para la nueva aristocracia china, aquella que proviene de los turbantes amarillos de la Revolución Cultural maoísta.

En la Europa del Este, las ciudades ven surgir poderosas casas de bolsa en donde el dinero de las mesas mundiales de apuestas financieras circula con todas las libertades que requiere. Pronto se inaugurará en Ciudad Ho Chi Minh una casa de bolsa que es un indicador indiscutible de la dirección y los sentidos de la economía contemporánea.

¿Pero Cuba? Viéndolo bien, es el último bastión del sueño socialista. Tampoco es válido ver a los cubanos como promotores de las nuevas desgracias mundiales, entre las cuales, como un derivado del marxismo, llegaron los ordenamientos populistas. Los cubanos no son solamente víctimas, sino que durante mucho tiempo han protagonizado un esfuerzo humano digno de mejores suertes.

Ese sacrificio de los cubanos, de los mejores cubanos, -que también, en su tiempo, fueron los mejores latinoamericanos- debemos hacerlo propio. Para adentrarnos en este asunto, podemos adentrarnos en la obra del mejor escritor actual en la lengua castellana: Leonardo Padura, sí, el autor del libro El hombre que amaba a los perros, una lacerante narrativa sobre Ramón Mercader, el asesino de León Trotsky.

En sus múltiples escritos, Padura nos platica la vida de los cubanos que, pese a todo, tienen un potencial humano para los nuevos tiempos en su patria.  Padura mide cuidadosamente los sentimientos y las razones de las mujeres y hombres de Cuba que, como él, decidieron dar la batalla cultural desde dentro de la isla.

Padura nos describe la vida y los avatares de los ciudadanos de Varadero o del Vedado. Nos habla de una resistencia cultural que, sin duda alguna, es la única garantía real de una actitud siempre contestataria.  El cambio ya comenzó en Cuba y, por cierto, no ha necesitado solo de los marines o de las fuerzas aerotransportadas de Estados Unidos. El fantasma de la libertad se transmuta en ideas y acciones que no pueden ser derrotadas, que no deben ser vencidas.

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