Cuba, una revisión necesaria

Por: Raúl Bonifaz @Bonifaz49

El asunto de Cuba requiere de acercamientos con un grado mayor de objetividad. Es inmoral celebrar la tragedia de los cubanos y es incorrecto pensar que el fin del régimen cubano traerá la felicidad automática a los habitantes de aquel país.

Sin embargo, se requiere una aproximación al proceso de la isla, porque ahí se trató de crear y de mantener un esquema social distinto, que, aun con sus tragedias de hoy, en un momento fue una guía para mujeres y hombres en varias latitudes.

En esa misma línea, la postura reciente del gobierno mexicano, encabezado por Claudia Sheinbaum, ha insistido en la necesidad de abordar la relación con Cuba desde los principios de no intervención y autodeterminación. A ello se suma un tono de empatía y cercanía con el pueblo cubano, subrayando una relación histórica que no se limita a lo diplomático, sino que también apela a la solidaridad y a la cooperación.

La Revolución Cubana tuvo muchos simpatizantes. La preparación de los combatientes no hubiese sido posible sin la protección por parte del gobierno mexicano. El famoso viaje de Fidel Castro no hubiese sido posible sin el Granma y esa embarcación fue adquirida con el conocimiento del gobierno de nuestro país. La caída militar de Batista tampoco se hubiera dado sin el consentimiento de Estados Unidos.

Cuba, en 1955, era la séptima economía del mundo. El ingreso per cápita de los cubanos estaba por encima del de los argentinos, españoles, portugueses, irlandeses, holandeses, latinoamericanos y un largo etcétera. Ahora bien, esa prosperidad se relacionaba, en mucho, con las actividades delincuenciales de la mafia norteamericana y de la italiana. El delito también genera fuertes derramas de dinero en dondequiera que se instala.

En eso llegó Fidel y, todavía no está muy claro cómo, se inclinó por socialismo. Si se examinan sus escritos, incluido La historia me absolverá, no se encuentran rastros de una intención socialista. Lo que es más significativo, es que en la narrativa temprana del Che no queda muy clara su inclinación por el socialismo. Lo mismo se puede decir de otros revolucionarios como Camilo Cienfuégos, Huber Matos, Juan Valdéz y de la larga lista de intelectuales cubanos que eran abiertos partidarios de la democracia liberal. 

Haya sido como haya sido, se instauró el socialismo y en los inicios la economía no lo resintió mucho, porque se trató de un esquema expropiatorio y había mucho para expropiar. Lo que no se previno fue que, cuando terminaron las expropiaciones en el sector más rentable del país, comenzaron los problemas. Las inversiones se retiraron y el desempleo comenzó a hacer su tarea depredadora.

El gobierno cubano respondió con sus planes quinquenales, que, según los economistas norteamericanos Leo Huberman y Paul Sweezy (Cuba, anatomía de una Revolución), estaban copiados del modelo soviético y no podrían funcionar en el escenario cubano. Bueno, en realidad no funcionaron en ninguna parte.

La otra respuesta fue el intento de convertir a la isla en un espacio de economía especializada: un triste monocultivo de caña de azúcar. Se fijó la meta de 10 millones de toneladas, pero en el mejor de los años solamente se llegó a 7.

El bloqueo tuvo efectos muy relativos. En realidad, en Cuba se podían conseguir todos los productos, incluso los norteamericanos, que eran llevados con esquemas comerciales que “terciaban”. En México, por ejemplo, había más de 20 grupos empresariales dedicados a ese negocio. El bloqueo también sirvió para crear una fuerte solidaridad interna, una recia militancia, en donde se daban situaciones como las de los “trabajadores-guerrilleros” que trabajaban hasta desmayarse, literalmente, sin recibir ningún pago. Pero, por lo visto, no fue suficiente. Tampoco es suficiente el espacio para seguir con el análisis. Quedan varios pendientes. Hay nuevas preguntas que, sin duda, exigen nuevas respuestas.

MÁS INFORMACIÓN

MÁS INFORMACIÓN

NOTAS RELACIONADAS