
En 1845, cuando ya los conflictos con Estados Unidos habían escalado hasta el grado de ejércitos en marcha, un militar mexicano, Mariano Paredes Arrillaga, dio un golpe de Estado en contra del presidente José Joaquín Herrera y se convirtió en un nuevo gobernante de México.
Su “acto de traición” lo convirtió, para la opinión política, en un agente del Polk, por el entonces presidente de Estados Unidos, James Polk. A Paredes Arrillaga y a sus seguidores se les comenzó a nombrar polkos como un sinónimo de traidor.
En aquellos tiempos, en las circunstancias de nuestro país, un golpe de Estado no siempre era considerado un evento de lesa patria. Es más, muchos militares dieron golpes de mano y se presentaron como los salvadores de la Nación, con diferentes grados de aceptación para cada uno de ellos. Esta circunstancia no se presentó en el caso del militar golpista que me ocupa.
Sin embargo, lo sucedido más tarde nos indica que la historia no es lineal ni tiene un solo sentido, pues apenas dos años después, los llamados polkos, que en su mayoría eran fifís, portadores de buenas armas sobre excelentes cabalgaduras, se integraron a las tropas del General Mariano Arista e hicieron una de las mejores defensas militares de aquella guerra. Hubo mucho heroísmo y un conjunto de tácticas eficaces. De no ser por la falta de municiones…
Meses después, tras la tragedia mexicana consumada con la presencia de las tropas estadounidenses en el Zócalo de la Ciudad de México, el General Paredes regresó a México con la intención de echar abajo el tratado de Guadalupe-Hidalgo, mismo que consumaba uno de los despojos más grandes de la historia mundial. Esta vez no encontró las condiciones para armar una resistencia, pero su fracaso no fue por falta de patriotismo de a deveras ni mucho menos. El polko mayor era un verdadero mexicano.
Hoy ha vuelto el calificativo de polkos para algunos connacionales que piensan de manera distinta. Ha vuelto aquel arsenal expresivo que reflejó en un tiempo las diversas visiones sobre los rumbos de la Nación. Los nuevos polkos son quienes se niegan a expresar su nacionalismo tal como lo exige la contraparte.
También se ha comenzado a oír la expresión “malinchista” con tonos agresivos. Seguramente también es necesario revisar el término, porque La Malinche es un personaje histórico que, en la medida en que más se le conoce se añaden más elementos a nuestra historia que debemos entender.
La ideología, liberal o conservadora, dividió a los mexicanos en el siglo XIX. La polarización dividió al territorio mexicano entre lo que es nuestro y lo que perdimos. Hoy, la polarización parece haber regresado por sus fueros y sus efectos ya los hemos conocido en sus modalidades más lamentables. La polarización puede dar buenos resultados en el corto plazo: puede ser un recurso ideológico de altas densidades en una competencia política con varias particularidades. Sin embargo, su impronta, desde cualquier punto de vista, siempre nos traerá resultados lamentables. Hoy, para México, polarizar es destruir.






