La gobernabilidad y el Mundial

Por: Luis Humberto Fernández @luishumbertofdz

El día de ayer, México abrió sus puertas y se convirtió en el primer país en albergar una Copa Mundial de la FIFA en tres ocasiones. La historia nos ha mostrado que estos eventos tienen una esencia política y que habrá actores, organizaciones y personas que aprovecharán este reflector internacional para amplificar sus agendas. Por eso, lo que hagan los grupos y las organizaciones, y la respuesta del Estado, quedará grabado para siempre. Lo que hoy algunos toman con ligereza, mañana podrá ser juzgado con severidad.

El Mundial, sin duda, es una fiesta que da visibilidad a lo mejor de México, pero también debe abordarse sin ingenuidad. Por ejemplo, Brasil 2014 se dio en un profundo malestar social que derivó en la destitución de Dilma; entre muchos otros ejemplos en los que el evento ha tenido consecuencias políticas.

Este caso no es la excepción; en México hoy convergen expresiones de transportistas, maestros, campesinos, y hasta 20 vecinos que cierran Periférico por una obra. Todas las manifestaciones son legítimas y merecen ser atendidas; el tema es la proporcionalidad y, en muchos casos, la intencionalidad de hacerlo.

La Presidenta de la República siempre ha apostado por el diálogo y la no represión. También ha advertido que existen quienes buscan utilizar estos movimientos como elementos disruptivos o como vehículos para generar violencia, como lo demuestra la reciente incautación de artefactos explosivos.

Hace unos días señaló: “Lo que quieren es que haya represión, porque, en realidad, hay una parte de estas manifestaciones que tiene que ver más con la provocación”.

Por su parte, la Secretaría de Gobernación ha reiterado y practicado, en un acto de paciencia superior a la del Santo Job, que este es un gobierno que dialoga y que no recurre a la represión.

Las mesas de trabajo se han mantenido; en el caso de docentes ya van más de 50 reuniones con avances y propuestas concretas. Por eso es pertinente su llamado a la responsabilidad colectiva: ser conscientes y sensibles a las necesidades de los demás. Es el camino de la mesa, no de la violencia y la irracionalidad. Si las movilizaciones rebasan el límite de la civilidad, tendrán consecuencias para el país.

Las estimaciones más serias calculan que el Mundial dejará en México una derrama de más de 65 mil millones de pesos. Pero ese dinero no es una abstracción: es una cadena que llega al mesero, al taxista, al hotelero, al pequeño comerciante, al vendedor, entre muchos otros.

Los bloqueos no golpean al gobierno: golpean a esas familias. Esta intención de dañar el Mundial le cobra la factura a quien menos tiene, y con un impacto muy importante a la imagen de México.

Una sola fotografía de caos o de enfrentamiento nos vulnera como país, destruye una imagen de buenos anfitriones y de los brazos abiertos, afecta a inversionistas, turistas y socios comerciales en un momento de gran fragilidad y volatilidad en el mundo.

Esto nos debe llevar a una reflexión más profunda: ¿cómo diseñar una respuesta institucional en un momento en que muchas organizaciones no han sabido distinguir entre el trato que da un gobierno democrático y la represión que se dio en el modelo neoliberal, sordo e indolente? Es de la mayor conveniencia para todos que los movimientos sociales tomen conciencia de que la interlocución ahora es diferente.

Por el otro lado, el gobierno debe construir un nuevo marco institucional de derechos humanos, que responda a las necesidades legítimas, con acuerdos de largo plazo pero que evite excesos y daños a terceros. Es evolucionar a una nueva relación entre las demandas, su gestión y su respuesta. El Mundial pasará, los agravios de estos días serán recordados no contra un gobierno, sino contra México. Las causas se defienden mejor con un país más fuerte, al que el mundo admira, que con una imagen que lo lastime. Levantar plantones y no ser agresivos, es demostrar grandeza, patriotismo y vocación democrática. Confiar en que el diálogo es la vía para la solución de las demandas. México demuestra al mundo que aquí se protesta en libertad, al mismo tiempo que se recibe al mundo con dignidad. Esta es la verdadera victoria que está en juego.

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