Brasil y el futuro de la izquierda

Por: Luis Humberto Fernández @luishumbertofdz

Hace unos días Flávio Bolsonaro se registró como candidato presidencial del Partido Liberal en Brasil, con la presencia de extremistas de derecha como Milei. El padre del candidato, condenado a 27 años de prisión por un intento de golpe de Estado, vio el registro desde su arresto domiciliario. Esto ocurre a menos de tres meses de la elección presidencial.

Pero este tema no llega solo. Hace unos días Keiko Fujimori tomó protesta en Perú y Petro está a una semana de entregar Colombia a la derecha, en un patrón similar al de Brasil: un candidato desconocido, en cuestión de meses, se vuelve competitivo.

A esto se suma la reelección de Noboa en Ecuador y las victorias de Rodrigo Paz en Bolivia, Nasry Asfura en Honduras, José Antonio Kast en Chile y Laura Fernández en Costa Rica. Brasil es la única elección presidencial que le queda al continente este año, por lo que será el hecho electoral más relevante en la región y su resultado definirá el mapa político y el futuro de América Latina.

En estos fenómenos se pueden observar patrones comunes, que generan el crecimiento de la derecha y altos costos para la izquierda. El primero es que la promesa de la seguridad ha podido más que los discursos de los derechos, aunque apostar por estos mensajes, que suenan bien, representa un suicidio para los países latinoamericanos.

El segundo patrón es que la izquierda pierde cuando la narrativa de la corrupción se posiciona; es el común denominador en estas elecciones.

La tercera observación es que los liderazgos no son suficientes para ganar elecciones; Boric y Petro eran más populares que sus partidos, pero su ausencia en la boleta se notó en el resultado.

El último elemento es la internacionalización de la derecha, que es la que más nos preocupa y que hace necesaria la defensa de la soberanía. Hoy la derecha latinoamericana no solo comparte padrinazgos, también cuadros, arquitectura digital, financiamiento cruzado y el apoyo político del norte. Mientras nosotros no nos ponemos de acuerdo en una candidatura municipal, ellos se coordinan por región.

El tema no es quién gobierne o buscar la unanimidad en el continente, sino la más urgente necesidad de mantener un proyecto de igualdad e inclusión. Es increíble y moralmente inaceptable que en una de las regiones de mayor inequidad en el mundo se esté posicionando el proyecto de la derecha.

México tiene muchas lecciones que aprender de Brasil y de América Latina. Estamos obligados a la humildad intelectual, a reconocer que la derecha va en serio y que tenemos que plantear una agenda y una narrativa pertinente. Regresar a las raíces y a las bases; a convencer y practicar. El 4 de octubre Brasil no elegirá únicamente a un presidente, definirá si el progresismo es la vía para combatir la injusticia y las desigualdades más profundas, y decidirá también el futuro de la izquierda en Latinoamérica.

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