Cuba, la izquierda y la cristiandad

Por: Luis Humberto Fernández @luishumbertofdz

Cuba está enfrentando su mayor crisis en la historia. El embargo petrolero de Trump solo potencializó condiciones que ya eran frágiles: una crisis económica sin precedentes, una inflación de la canasta básica del 70%, escasez de alimentos, de medicinas, apagones y, por primera vez, protestas y vandalismo, por lo que hoy está muy lejos de ser autosuficiente.

La negociación con Estados Unidos significará un cambio profundo en el régimen cubano, con efectos en la correlación de fuerzas en América Latina, así como un golpe ideológico a la izquierda como lo fue en su momento la caída del Muro de Berlín. Esto posiciona a México, Colombia y Brasil como los únicos referentes de izquierda en Latinoamérica, mientras que en Europa la izquierda está más que extraviada y en Asia, hoy es más capitalista que la derecha.  

Por extraño que parezca, el tema de Cuba se vincula profundamente con la cristiandad, por la solidaridad, el amor al prójimo y la empatía con el dolor ajeno; por eso el apoyo a este país no es una posición política, es un imperativo moral.

Más allá de la ideología, nos obliga a reflexionar a que muchos de los documentos recientes de la Iglesia como Fratelli Tutti (que habla acerca de la fraternidad universal, la justicia social y la crítica a la desigualdad), o Rerum Novarum (que expone una visión de la Iglesia centrada en la cuestión obrera, proponiendo salarios justos para trabajadores, condiciones laborales dignas e incluso el derecho a formar sindicatos), hoy están más a la izquierda que nosotros mismos, pero junto con la doctrina social de la Iglesia, son una herramienta poderosa para enfrentar el dogmatismo y las bases de Trump.

Los cambios en Cuba y Venezuela nos obligan a ser solidarios, pero también a repensar la izquierda para el futuro, a entender y atender las prioridades, como el combate a la corrupción, la inseguridad y cómo construir una prosperidad incluyente; pero sobre todo a tener un proyecto humanista y social en una sociedad postindustrial y de inteligencia artificial. México y la Presidenta Claudia Sheinbaum tienen un gran papel en la historia, para darle viabilidad a un proyecto social y ser el nuevo referente en América Latina y el mundo.

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