
Estamos viviendo el mayor cambio en la geopolítica internacional desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Este reacomodo global está marcado, en gran medida, por la ambición de Trump de reposicionar a Estados Unidos como la potencia dominante del sistema internacional. No estamos hablando de que busque un mundo bilateral, multipolar o un estado similar a la Guerra Fría. Va por todo.
Ejemplo de ello es la estrategia para asegurar el control de los grandes polos energéticos del mundo. La presión sobre Venezuela y la captura de Nicolás Maduro formarían parte de esta lógica de control sobre el petróleo latinoamericano, mientras que, en Medio Oriente, el golpe decisivo habría sido la muerte del ayatolá Ali Jamenei, líder supremo de Irán. Con este movimiento, busca avanzar hacia el dominio de los combustibles en Medio Oriente.
El contexto internacional facilita parcialmente esta estrategia. Rusia, principal aliado de Irán, hace confesión de impotencia: su guerra contra Ucrania le ha dejado una economía frágil y una población cansada de aportar muertos a una guerra que no entiende. Mientras tanto, el resto del mundo se mantiene como observador.
Sin embargo, Irán representa retos más desafiantes que la captura de Maduro en Venezuela. Lo primero es la incapacidad de mantener territorio, como pasó con la guerra de Irak u otras intervenciones. Lo segundo, el riesgo de una yihad que llegue a Europa o incluso a Estados Unidos. La realidad es que, salvo hechos aislados, después de Palestina no se observa evidencia de una yihad a gran escala; pero lo que sí es seguro es que la intervención en Teherán tendrá un impacto de largo plazo en las relaciones del mundo islámico con Occidente. La pregunta de fondo es cómo se podrá construir una paz de largo plazo y digna entre los países árabes, Israel y Estados Unidos.
Este conflicto puede afectar a México en varios niveles. El primero es la confirmación de la agenda de fondo de Estados Unidos: la explotación de los recursos, como lo ha sido en Venezuela y en Irán. Lo segundo es el impacto en el mercado de energéticos, que puede tener efectos de cálculo inciertos.
También pueden existir repercusiones en los mercados financieros: un alza en los combustibles, una inflación global y una desaceleración de la economía de Estados Unidos. En la parte diplomática, México ha tomado una postura sensata, pero el gobierno norteamericano lo entiende como vacilación.
Irán no se trata de una teocracia o de derechos: se trata de un ajedrez que definirá un nuevo orden mundial, en el que las reglas, la diplomacia y el multilateralismo se agotan frente a la fuerza bruta. Para México, todo esto ha representado una oportunidad que ha aprovechado la Presidenta de la República, la Dra. Claudia Sheinbaum. Mientras la mayoría de los países han sido castigados con aranceles o agresiones, México ha incrementado la Inversión Extranjera Directa, en especial de Estados Unidos, pero sobre todo ha posicionado a nuestro país con liderazgo y dignidad internacional. Son momentos desafiantes en los que seguiremos navegando un mar sin cartografiar.






