
México y Guatemala comparten más que una frontera geográfica: comparten una raíz profunda, una historia que se entreteje desde hace siglos. Cuando Chiapas decidió integrarse a México en 1824 a través de un plebiscito, no se rompieron los lazos con Guatemala; simplemente se transformaron. A partir de ese momento, las relaciones entre nuestros países han estado marcadas por la cercanía, la historia y la voluntad de caminar juntos.
Por eso, hace unos días tuvimos el honor de instalar formalmente el Grupo de Amistad México–Guatemala en la Cámara de Diputados. Como presidenta de este Grupo, fue un momento profundamente significativo para mí, no sólo en lo político, sino en lo humano. Porque hablar de Guatemala es hablar también de nuestra historia, de nuestra gente, de una frontera viva donde los lazos no se dictan desde un mapa, sino desde la vida cotidiana.
Crecí en esa frontera que muchos solo conocen por los titulares de los periódicos y noticieros. Pero quienes la habitamos sabemos que allí no termina México ni empieza Guatemala: allí se entrelazan nuestras culturas, nuestras familias, nuestras luchas y nuestros sueños. Por eso, asumir esta responsabilidad es también un compromiso con quienes viven y construyen esa región todos los días.
La instalación de este Grupo de Amistad es mucho más que un acto protocolario. Representa la voluntad de tender puentes, de reconocernos como pueblos hermanos y de hacer de la diplomacia parlamentaria una herramienta real, cercana, útil.
México y Guatemala comparten más de 950 kilómetros de frontera. Pero también compartimos desafíos que nos llaman a colaborar: migración, comercio, medio ambiente, seguridad y cultura. Lo que ocurre de un lado resuena en el otro. Somos reflejo y consecuencia mutua. Por eso, este Grupo busca ser un espacio para construir soluciones conjuntas, aprender de nuestras respectivas experiencias legislativas y acercar la acción parlamentaria a las realidades locales.
Me llena de orgullo contar con el respaldo de mis compañeras y compañeros diputados, así como del Excelentísimo Embajador Edgar Armando Gutiérrez Girón, cuya presencia en la instalación reafirmó el compromiso de su país con esta relación histórica y estratégica.
Queremos que este Grupo impulse no solo el diálogo entre congresos, sino también proyectos culturales binacionales, encuentros con comunidades fronterizas, y una agenda compartida de cooperación para el desarrollo. Sabemos que desde el Congreso también podemos contribuir a que nuestras regiones se fortalezcan, a que nuestras juventudes tengan más oportunidades y a que la frontera sea vista como un puente, no como un límite.
Por eso, estoy convencida: cuando el águila y el quetzal vuelan en la misma dirección, no hay frontera que los detenga. Desde el Grupo de Amistad México–Guatemala seguiremos trabajando con esa convicción: la de una frontera que no divide, sino que abraza.






