
Hay hechos complicados de gran impacto y con consecuencias que no son evidentes, pero que pueden ser predecibles y por lo tanto, se pueden anticipar en cierta medida.
Esto lo aborda Nassim Nicholas Taleb en su libro “El Cisne Negro”, y este es el caso del fenómeno de El Niño, un evento meteorológico que consiste en el incremento de la temperatura del agua, que ha traído consecuencias en los últimos años como lluvias extremas, sequías y huracanes más intensos.
Este año enfrentaremos uno de los eventos más disruptivos y de mayor intensidad que hemos tenido, que es a lo que le han denominado El Niño Godzilla, que es el mismo fenómeno que conocemos, pero en proporciones y condiciones más extremas.
Todo apunta a que complementario a los desastres causados por el cambio climático, se sume un incremento histórico en las temperaturas de los océanos, lo que provocará lluvias catastróficas, sequías extraordinarias y huracanes más potentes, que causarán muchos daños en los sectores agrícolas de todo el mundo. Todo esto no es un tema de ciencia ficción, de acuerdo con Forbes, la probabilidad de que esto ocurra es cercana al 70%.
En México hemos hecho esfuerzos importantes en materia de protección civil, fortaleciendo sistemas de alerta temprana, protocolos de respuesta y coordinación entre niveles de gobierno.
Pero frente a un fenómeno de esta magnitud que posiblemente rebase proporciones y parámetros que conocemos, estamos obligados a dimensionar y prever todos sus efectos.
Un desafío titánico prepararse para lo desconocido, que implica infraestructura, capacidad de adaptación y respuesta rápida en la incertidumbre; quien siga pensando que la Protección Civil es meramente el FONDEN, es su confesión de parte, de su ignorancia operativa, política, social y administrativa en la materia.
Es necesario tener una visión amplia e integral que considere el fenómeno en su totalidad, pero con medidas específicas, como previsiones presupuestales, la contratación de coberturas en materia agraria, pero sobre todo reforzar las medidas preventivas y de resiliencia frente a los eventuales hechos.
De no tomar las precauciones, esto alterará la gobernabilidad, la economía, pero sobre todo podría generar dolor y conflicto en las comunidades.
En este contexto, el liderazgo de la Presidenta Claudia Sheinbaum no solo es inspirador, da la confianza de que se tomarán las medidas que implique este fenómeno; sus acciones son pertinentes y oportunas, como es el fortalecimiento de la Protección Civil como una política integral, una visión preventiva y transversal, que pone al cambio climático como eje de la planeación nacional. Debemos seguir preparándonos para escenarios complejos y para que, como ella misma mencionó, México siga siendo un referente mundial en atención a emergencias.





