
Cuando me sumé a Morena en 2014 lo hice con una intención clara: cambiar la realidad de las familias de Tapachula de la mano del proyecto de Andrés Manuel López Obrador. En cada recorrido, en cada casa que visité, veía a madres angustiadas porque el dinero no alcanzaba, a jóvenes que soñaban con estudiar, pero tenían que abandonar la escuela, a adultos mayores que trabajaban hasta el último aliento porque no tenían pensión.
La pobreza no era solo una estadística, era un muro de desesperanza en la vida diaria de nuestra gente. Por eso decidí apostar por un movimiento que pusiera en el centro a quienes históricamente habían sido olvidados.
Cuando pienso en lo que hemos caminado desde hace más de 10 años, no tengo dudas: valió la pena. Hoy tenemos uno de los resultados que más nos han marcado, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2024, más de 13.4 millones de personas superaron la pobreza entre 2018 y 2024, y en Chiapas ese avance se siente con una fuerza especial. No porque de un día para otro desaparecieran todas las carencias, sino porque las estadísticas se convirtieron en realidades cotidianas: en comida sobre la mesa, en techos firmes que resguardan a las familias, en cuadernos y lápices que llegan a manos de niñas y niños que antes estaban vacías.
La propia Encuesta señala que los ingresos en Chiapas han crecido cerca de un 31% en los últimos seis años. Detrás de cada peso ganado está lo verdaderamente importante: las pensiones que hoy reciben nuestras y nuestros adultos mayores, las becas que sostienen a estudiantes, los apoyos al campo que permiten sembrar futuro y un salario mínimo que en seis años se triplicó.
Fue la política social impulsada por el presidente López Obrador la que rompió con la inercia de pobreza y abandono. Y hoy, con la presidenta Claudia Sheinbaum, tenemos la certeza de que esa ruta seguirá firme, porque ella entiende que la justicia social no se mendiga: se garantiza como un derecho.
Esa certeza es la mayor garantía para Chiapas. Significa que los programas sociales que hoy dan respiro a nuestras familias no sólo permanecerán, sino que crecerán. Significa también que la transformación dará un siguiente paso: desarrollo productivo, infraestructura que conecte a nuestras comunidades, salud universal y una educación que abrace la diversidad cultural de nuestra entidad.
En Chiapas, donde tantas veces quisieron convencernos de que estábamos condenados, hoy florece una verdad luminosa: la pobreza no es destino. Quedan senderos difíciles por recorrer, por eso caminamos y trabajamos con la frente en alto, con el corazón lleno de esperanza y con el amor profundo que sentimos por nuestra tierra, sabiendo que lo mejor para nuestro estado ya ha comenzado con los gobiernos de la Cuarta Transformación y que juntos lo seguiremos profundizando.






