
El año 2021 será recordado como un año que nos puso a prueba. La pandemia de COVID-19 aún golpeaba con fuerza. A la par, vivíamos un proceso electoral intenso y, de forma particular en el sur de México, la crisis migratoria alcanzaba niveles sin precedentes y nos recordaba que nadie elige dejar su hogar sin una razón de fondo.
Desde Tapachula, donde la migración no se mira desde la distancia, sino que se vive todos los días en carne propia, comprendimos que no bastan las buenas intenciones. Se necesita amor por la gente, compromiso y coordinación entre instituciones, gobiernos y organizaciones internacionales.
En ese contexto tan complejo, aprendimos algo fundamental: cuando se trabaja con el corazón por delante, hasta los caminos más difíciles se vuelven un poco más humanos. Fue entonces cuando encontramos grandes aliados: la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).
La colaboración con ellos ha sido un acto de amor colectivo. Gracias a su apoyo, pudimos brindar atención directa a familias migrantes, mejorar albergues, promover espacios de diálogo, generar campañas de información y, sobre todo, cuidar la dignidad de cada persona en movilidad. Porque no hay mayor acto de humanidad que reconocer al otro como igual, sin importar de dónde viene o hacia dónde va.
Estas alianzas se han consolidado con el paso de los años. Desde el primer día que tomé protesta como Diputada Federal asumí el compromiso de generar una agenda legislativa incluyente, con corazón, que pone a la migración en el centro, no como un problema, sino como una responsabilidad compartida que merece respeto, soluciones y voluntad.
Nuevamente, como en el 2021, OIM, ACNUR y UNICEF fueron de los primeros aliados. Nos reunimos, intercambiamos experiencias y empezamos a elaborar iniciativas y proyectos con una misma visión: proteger y acompañar a las personas en movilidad, con especial atención a grupos vulnerables. Temas como la reunificación familiar, la simplificación en trámites migratorios y las mejoras a los permisos laborales para personas en movilidad han sido parte central de este esfuerzo conjunto. Todo ello con un mismo propósito: abrir puertas en lugar de levantar muros.
Entre esos proyectos destacó la visita de diputadas y diputados a la frontera sur, un recorrido con el alma abierta y la mirada puesta en la realidad. Escuchamos testimonios que conmovieron, vimos a niñas, niños y familias enteras resistiendo con esperanza.
El trabajo continúa y el compromiso se mantiene vivo. Cada jornada compartida, cada espacio mejorado, cada vida tocada por la solidaridad, nos recuerda que estamos aquí para servir, acompañar y defender derechos.
Hoy, reafirmo mi compromiso con quienes caminan buscando un futuro mejor. Reafirmo que seguiremos sumando esfuerzos, construyendo puentes, y que no vamos a dejar de alzar la voz por quienes muchas veces no son escuchados. Porque migrar no debería doler. Porque una política humana y con amor sí es posible






