Un mundo salvaje

Por: Luis Humberto Fernández @LuisH_Fernandez

Cat Stevens escribió “es un mundo salvaje, donde es difícil sobrevivir solo con una sonrisa”. Pareciera que está hecha para este momento. No se habían dado la cantidad de conflictos y con la intensidad de los que estamos viviendo; sin duda, es el nacimiento de un nuevo orden mundial, con el fin de la hegemonía estadounidense y el sistema creado a partir de la caída del Muro de Berlín.

Esto no es nuevo, la geopolítica es viva y el orden mundial se replantea cíclicamente.  La Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas dieron pie a la Europa de Metternich en el Congreso de Viena de 1814, que estabilizó a Europa por un siglo.

Sin embargo, este se debilitó por la Primera y Segunda Guerra Mundial, lo que condujo al sistema bipolar y la Guerra Fría, la caída del Muro de Berlín, el neoliberalismo, la globalización y este momento, frente a la gestación de un nuevo orden mundial.

Hoy estamos viendo la reedición de las Guerras Médicas, el enfrentamiento entre Occidente y Oriente, un choque de civilizaciones que ha continuado hasta nuestros días.

Al final, el conflicto entre Ucrania y Rusia no deja de ser entre Europa y Moscú; Israel combatiendo contra Irán y Palestina no es solo un tema geográfico, es la colisión de sistemas de valores, así como también el choque comercial entre Rusia, Estados Unidos y China, para determinar quién tiene la hegemonía global.

Aún con todos estos antecedentes, estamos entrando a un mar sin cartografiar con una ecuación extraña: por un lado, el rey loco dinamitando la democracia estadounidense y sus instituciones con vocación dictatorial y una nula idea del Estado, además de tener un gobierno vulnerado por su narcisismo y exageraciones que rozan en lo absurdo; por otro lado, está una Europa despistada, asfixiada por su propias contradicciones, frente a Estados totalitarios y lejanos completamente a cualquier visión democrática y de derechos humanos.

Antes de ingresar al nuevo orden mundial, es probable que entremos a un caos y que las cosas empeoren antes de mejorar, sin que tengamos claridad de las consecuencias y sobre cómo será la nueva estabilidad.

En este escenario de irracionalidad, el liderazgo de la Presidenta Claudia Sheinbaum se muestra como la isla de la sensatez, diplomacia, claridad y pragmatismo, lo cual tenemos que reconocer, porque lo que está en el mundo por definirse y en el fondo de este nuevo orden mundial es el futuro de las libertades, los derechos, la democracia, la visión social y la aspiración de una mejor humanidad.

MÁS INFORMACIÓN

MÁS INFORMACIÓN

NOTAS RELACIONADAS