La propuesta para aplicar un impuesto extraordinario a las mayores fortunas de California comienza a generar reacciones en Silicon Valley. Uno de los casos que más ha llamado la atención es el de Mark Zuckerberg, fundador y director ejecutivo de Meta, quien evalúa abandonar la entidad si se aprueba la llamada Proposición 40, una iniciativa que busca gravar la riqueza de los multimillonarios y que será sometida a votación el próximo 3 de noviembre.
La información salió a la luz a través de un informe corporativo presentado por Meta ante las autoridades financieras de Estados Unidos, en el que la empresa advierte sobre los posibles efectos operativos y patrimoniales que podría generar la entrada en vigor del nuevo gravamen.
De acuerdo con la compañía, una eventual salida de Mark Zuckerberg no sólo implicaría un cambio de residencia. También podría derivar en movimientos relacionados con propiedades e inversiones ligadas al ejecutivo dentro de California, situación que podría generar incertidumbre entre inversionistas, trabajadores y socios estratégicos.
Meta recordó además los desafíos que enfrentó durante la pandemia, cuando la falta de presencia física de algunos directivos complicó procesos internos y de coordinación. La empresa considera que escenarios similares podrían afectar su operación y busca evitar que se repitan.
La discusión se desarrolla en un momento clave para Silicon Valley, donde se concentra buena parte de la riqueza generada por la industria tecnológica y el auge de la inteligencia artificial. El sector observa con atención la votación de noviembre, ya que el resultado podría influir en futuras políticas fiscales dirigidas a las grandes fortunas.
Los impulsores de la iniciativa sostienen que el impuesto permitiría recaudar miles de millones de dólares para fortalecer servicios públicos, especialmente en materia de salud. Sus opositores, por el contrario, advierten que la medida podría incentivar la salida de capitales, empresas y contribuyentes de altos ingresos hacia estados con una menor carga tributaria.
Así, California se ha convertido en el escenario de un debate que enfrenta dos visiones económicas: la de quienes buscan una mayor contribución de las grandes fortunas y la de quienes temen que mayores impuestos reduzcan la competitividad de uno de los principales centros tecnológicos del mundo.






