Represión naranja

Por: Luis Humberto Fernández @luishumbertofdz

Movimiento Ciudadano llegó al gobierno de Jalisco con una promesa: ser la nueva política. Jóvenes, modernos, distintos a los partidos de siempre. El domingo 11 de octubre esa promesa quedó empapada. Literalmente.  Cerca de diez mil personas marcharon de La Minerva a Casa Jalisco para exigir algo elemental: agua limpia. Desde marzo, cientos de colonias de la zona metropolitana reciben en sus casas un líquido turbio que huele a drenaje. La respuesta del gobernador Pablo Lemus fue agua también, pero a presión, disparada desde camiones antimotines, con gas lacrimógeno y toletes. Treinta y nueve detenidos. Decenas de lesionados. Estudiantes de la Universidad de Guadalajara bajo custodia.

Más burdo que María Antonieta ante la hambruna de Francia respondió con “que coman pastel”, Lemus respondió a los que pedían agua, echándoles agua. No hay metáfora que lo supere. La violencia no se justifica, venga de donde venga, pero el uso abusivo de la fuerza pública que debe servir para proteger a la mayoría pacífica se usó no para contener, pero si para reprimir. La furia y la desproporción no solo muestran la falta de protocolo, muestra la vocación auténtica de un gobierno.

Luego vino el guion de siempre. Lemus culpó a un “grupo de choque” de 400 personas ajeno a la marcha. Lo mismo dijo en noviembre de 2025, tras la marcha de la Generación Z: un grupo financiado, venido de fuera. De 47 detenidos entonces, la Fiscalía liberó a 32 por falta de pruebas. Esta vez frente a la torpeza confesa, no le quedo de otra más que salir a pedir disculpas y liberar a los detenidos. Si eran provocadores profesionales, ¿por qué salen tan rápido? Y si no lo eran, ¿por qué los detuvieron?

Eso es lo que indigna: golpear primero, detener al que se pueda, culpar a otros y después anunciar una investigación. Es el manual del viejo autoritarismo que Movimiento Ciudadano presume haber dejado atrás. Cancioncitas y marketing innovador pero los instintos son los mismos.

Hay, además, una violencia anterior y más silenciosa. Entregar durante meses agua contaminada a millones de personas también es agredirlas. Lemus fue presidente municipal de Zapopan y de Guadalajara antes de ser gobernador, y su partido gobierna Jalisco desde 2018. No puede decir que el problema lo tomó por sorpresa. Ahora que propone un nuevo acueducto, la gente en la calle ya advirtió lo que teme: no aguas negras, no privatización.

La Presidenta Claudia Sheinbaum fue clara: no estamos de acuerdo con la represión, ni con la violencia en las protestas. Pidió a Jalisco dar los nombres de todas las personas detenidas y explicar el uso de la fuerza. Es lo mínimo. Lo que sigue es entregar los videos a la Comisión Estatal de Derechos Humanos y sancionar a los mandos responsables.

Movimiento Ciudadano quiso ser lo nuevo. El domingo demostró que responde como lo más rancio. En Jalisco el agua sigue sucia. Y la nueva política, también.

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