El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que instruye al Departamento del Interior a revisar en un plazo de 90 días la protección federal del lobo gris y del lobo gris mexicano. La medida busca determinar si las poblaciones se han recuperado lo suficiente para ser retiradas de la lista de especies en peligro de extinción, con el argumento de apoyar a los ganaderos que denuncian pérdidas por ataques a su ganado.
Actualmente, el lobo gris mexicano cuenta con 319 ejemplares en libertad en Arizona y Nuevo México, tras haber estado prácticamente extinto en los años 80 y ser reintroducido en 1998 con apenas siete sobrevivientes. El plan federal de recuperación establece que la especie debe mantener un promedio superior a 320 ejemplares durante cuatro años consecutivos antes de considerar levantar las protecciones. El registro de 2025 apenas representa el primer año de cumplimiento.
Organizaciones ambientalistas advierten que la especie enfrenta baja diversidad genética y que retirar las salvaguardas podría provocar un nuevo descenso poblacional. Además, anticipan que recurrirán a tribunales si el gobierno avanza sin sustento científico.
La decisión revive un debate que ya se había dado en el primer mandato de Trump, cuando se retiraron protecciones al lobo gris en gran parte del país, medida revertida en 2022 por un tribunal federal. Ahora, el futuro del lobo gris mexicano vuelve a estar en riesgo, en medio de la tensión entre la conservación ambiental y los intereses ganaderos.



