La avalancha mortal en Nepal, ocurrida el 26 de agosto de 2026, ha dejado una tragedia de enormes dimensiones. El desbordamiento del río Bhotekoshi liberó una gran cantidad de agua hacia zonas pobladas, causando devastación en comunidades cercanas a la frontera con China. En un inicio se reportaron 95 muertos, pero la Policía de Nepal confirmó que la cifra se elevó a 359 fallecidos, mientras que más de mil 300 personas permanecen desaparecidas, entre ellas turistas extranjeros y peregrinos.
Los equipos de rescate enfrentan condiciones extremadamente difíciles: carreteras destruidas, puentes colapsados y comunidades incomunicadas. El ejército nepalí desplegó helicópteros para evacuar a más de un centenar de personas y trasladar a decenas de heridos hacia Katmandú. Los cuerpos han sido encontrados incluso a cientos de kilómetros aguas abajo, en el distrito de Chitwan, lo que refleja la magnitud del desastre.
Expertos climáticos señalaron que una avalancha glaciar fue el detonante de la inundación repentina. En apenas media hora, los niveles del río Trishuli se elevaron hasta nueve metros, un fenómeno que evidencia la creciente inestabilidad del sistema de hielo del Himalaya. Este colapso no es un hecho aislado: el derretimiento acelerado de glaciares amenaza cada vez más a comunidades, infraestructuras y suministros de agua en una de las regiones más densamente pobladas del planeta.
La tragedia en Nepal y el Tíbet se convierte así en un recordatorio de la vulnerabilidad de las poblaciones frente al cambio climático y la fragilidad de los ecosistemas de montaña.






