
Esta semana se celebró el Día Internacional de la Juventud y la realidad es que es un momento difícil para ser joven. Durante décadas había un acuerdo no escrito: estudias, trabajas, ahorras, te independizas, construyes algo tuyo. En mi generación lo vimos en la película Trainspotting, cuando Renton dice: “Elige la vida. Elige un trabajo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige tu futuro”.
Hoy el acuerdo se ha roto, por más ganas que le eches, no siempre se materializa. La realidad es que es más difícil ser joven porque tienes que competir con la inteligencia artificial; el Informe Tendencias Mundiales del Empleo Juvenil que la OIT dio a conocer esta semana estima que la automatización desplazaría a 5.6 millones de trabajadores de entre 15 y 29 años en el mundo, y que América Latina sería la segunda región más golpeada, con unos 785 mil puestos juveniles.
Lo más doloroso es que la automatización está capturando datos, redactando, atendiendo el teléfono, ordenando la información; trabajos en los que todos empezamos.
Para los jóvenes el empleo se ha vuelto inestable y malo, y la vivienda es un reto mayor; muchos están condenados a salir de su barrio donde nacieron y crecieron por rentas inalcanzables. La angustia, ansiedad y depresión han ido en aumento, al igual que los suicidios en jóvenes.
En México, uno de cada cuatro adolescentes presenta síntomas de depresión y más de la mitad de los jóvenes ha sentido la necesidad de recibir ayuda psicológica. Comparan su vida verdadera con la vida montada de todos los demás, y en esa comparación siempre pierden.
Otros temas preocupantes son la adicción a las redes y el aislamiento social, de manera especial el tema de apuestas en casinos virtuales y la incertidumbre de que lo que uno esté estudiando tenga una utilidad en los próximos diez años. Todos estos no son privativos de México, son problemas globales y crecientes.
Los gobiernos neoliberales profundizaron esta crisis al excluir, eliminar valores y quitar el sentido comunitario, pero sobre todo, de responsabilizar a quienes eran las víctimas, les llamaron ninis y simplemente los invisibilizaron, no los vieron.
El desafío hoy es cómo crear un nuevo pacto en el cual las juventudes tengan un camino de desarrollo. Qué tienen que hacer y qué tiene que hacer el Estado. La Presidenta Claudia Sheinbaum es sensible a esta situación, por eso ha impulsado programas como Jóvenes Construyendo el Futuro, que consiste en un apoyo mensual equivalente al salario mínimo y seguridad social; Vivienda para el Bienestar, que lleva 477 mil 279 viviendas formalizadas, y 39 por ciento de quienes las adquieren tienen entre 18 y 29 años; la estrategia nacional de salud mental para jóvenes, con 18 millones de guías y 300 brigadas recorriendo escuelas.
Es la primera vez en mucho tiempo que el Estado mexicano reconoce la angustia de los jóvenes como asunto público. El tema es cómo plantear un piso mínimo de dignidad y viabilidad, pero también canales para el crecimiento y desarrollo. Nos falta mucho por hacer. Lo que vivimos hoy no es resultado de las decisiones de los jóvenes, es de las que otros tomaron. No podemos salir con obviedades, el punto es reconocer y trabajar para un salario que alcance y un cuarto propio en su misma ciudad. La esperanza no se les pide. Se les debe.






