El Sueño Queretano

Por: Luis Humberto Fernández @luishumbertofdz

Yo no nací en Querétaro. Yo lo escogí. Y he aprendido que a veces el amor más hondo es el que se elige con libertad: llegué a esta tierra como llegan tantos, buscando un lugar donde construir una vida digna, y Querétaro me abrió las puertas y me dio un hogar. Por eso lo amo. Lo amo como ama quien encontró aquí su casa y decidió quedarse a cuidarla. Quien ama de verdad a su tierra no la quiere solo próspera, la quiere justa.

Y si creo tanto en este estado es porque conozco a su gente, porque soy parte de ella. Miren lo que somos. Un estado que asombra, que en pocos años se volvió de los más prósperos del país, que atrae al mundo entero, que produce, que crea, que trabaja como pocos. Querétaro es grande porque su gente es grande, venga de donde venga.

Pero seamos honestos, ese progreso no ha llegado a todos por igual. Hay quien abre la llave y tiene agua, y quien la abre y no cae una gota. Hay quien hereda la tierra de sus padres y quien fue despojado de ella. Hay quien vive sin miedo y hay mujeres que no. Y yo me niego. Me niego a aceptar que el progreso sea solo de algunos. Quiero un solo Querétaro: grande para todos, sin dejar a nadie atrás.

Por eso les vengo a hablar de un sueño. No de una promesa de las que se gastan en campaña. De un sueño de los que se cargan en el pecho y se vuelven razón de vida. Le llamo el Sueño Queretano, y se lo quiero contar.

Sueño un Querétaro donde el agua sea un derecho y no un privilegio de código postal. Donde la primera gota sea para el hogar sea para quien más la necesita.

Sueño un Querétaro donde la tierra de quien la trabaja esté protegida, donde ningún campesino vuelva a ser engañado, donde el patrimonio de una familia no se convierta nunca más en la fortuna de un poderoso.

Sueño un Querétaro donde la sierra valga tanto como el valle. Donde un niño de Amealco, de Pinal de Amoles o de Tolimán tenga el mismo horizonte que un niño de la capital, y no tenga que renunciar a sus raíces para alcanzarlo.

Sueño un Querétaro donde nuestras mujeres caminen sin miedo. Donde la palabra seguridad signifique también que ellas vuelvan a casa, todas, siempre. Sueño un Querétaro donde crecer no expulse a nadie de su propia ciudad. Donde el joven que empieza pueda aspirar a un techo propio, y el que nació aquí no sea desterrado por el precio de la renta.

Sueño un Querétaro que siga creciendo pero que crezca para todos. Un Querétaro donde el éxito de unos ya no se levante sobre el despojo de otros.

Ese sueño no es mío. Es nuestro. Y ningún sueño que vale la pena se cumple solo. Lo vamos a cumplir nosotros, juntos, como siempre que este estado ha logrado algo grande: con trabajo, con dignidad y sin rendirnos.

El Sueño Queretano es la decisión de no resignarnos. Es la certeza de que un Querétaro grande puede ser, por fin, un Querétaro de todos. Yo ya tomé mi decisión: voy a luchar por ese sueño con todo lo que soy. Hoy se los vengo a compartir, y se los vengo a pedir. Súmense. Soñemos en grande, porque Querétaro lo merece. Y trabajemos sin descanso, porque los sueños de los queretanos no se piden: se construyen. Este sueño apenas empieza. Y empieza con ustedes.

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