La muerte de la verdad

Por: Luis Humberto Fernández @luishumbertofdz

La Inteligencia Artificial está transformando nuestra forma de vivir y de entender el mundo de maneras inimaginables: con la automatización y la pérdida de empleos humanos, con una revolución en el conocimiento y la creatividad, y con un impacto ético y social profundo en la vida de las personas. Sin embargo, hay un aspecto que me resulta aún más inquietante. De acuerdo con un estudio realizado por la Universidad de Cornell, hoy en día ya es muy difícil distinguir entre un video real y uno generado por IA, y en pocos años será prácticamente imposible hacerlo. No sólo eso: la inteligencia artificial permite crear videos desde múltiples ángulos y en distintas versiones, algo que en la realidad sería mucho más complejo de lograr.

A ello se suma el cambio en algunos medios de comunicación, que antes eran reconocidos por su profesionalismo y rigor periodístico. Hoy, la estridencia domina: no importa si algo es cierto o no, lo que cuenta es cuántas vistas o “likes” obtiene. Para una vida pública sana se necesita rendición de cuentas y acceso a la información. Como advierte el lema del Washington Post, “la democracia muere en la oscuridad”. Hoy parece que algunos medios, los menos, han abandonado los principios fundamentales del periodismo: veracidad, independencia y responsabilidad social.

La distorsión del trascendido —que se ha convertido en una licencia para mentir— y el divorcio con la realidad son cada vez más frecuentes. Pero el problema de fondo no es sólo la búsqueda de “likes” o la monetización del contenido, sino la sumisión a intereses ajenos. Actualmente, enjambres de bots en redes sociales sirven a particulares con agendas propias e invierten sumas inmensas en publicidad digital, construyendo así una imagen social artificial, muy distinta a la realidad.

Un caso ilustrativo es el de algunos “periodistas” en Querétaro, para quienes parece que sólo existen tres políticos malos y uno bueno, por lo que caen en la ridiculez y pierden toda credibilidad. Esa visión reducida no es periodismo militante, ese lo entiendo y lo respeto, sino periodismo rentado y análisis forzado. Los debates más importantes que debemos sostener en esta era de la virtualidad son aquellos que nos devuelvan a nuestros valores y a una sociedad que funcione en la vida real, donde los hechos sigan teniendo valor. Porque si dejamos de distinguir lo verdadero de lo falso, si la opinión sustituye al dato y la imagen al hecho, entonces no sólo muere el periodismo. Muere la verdad.

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