
El pasado 20 de agosto, el Lic. Efraín Morales, director de la Comisión Nacional del Agua, presentó en la Mañanera del Pueblo los avances del Programa Nacional de Tecnificación, que es parte del Plan Nacional Hídrico, el cual busca atender el reto de que el 76% de toda el agua se usa para el campo, por eso su objetivo es tecnificar más de 200 mil hectáreas, producir más alimentos con menos agua y recuperar 200 millones de metros cúbicos.
Se trata de un esfuerzo sin precedentes en México y a nivel mundial, que posiciona a nuestro país internacionalmente en la tecnificación del vital líquido. Además, el programa es innovador y participativo, ya que se ha construido en colaboración con los productores agrícolas, quienes serán los principales beneficiarios.
El hecho es significativo en varios niveles. El primero, porque muestra como prioridad para la agenda federal la atención al problema del agua, en el marco del Plan Nacional Hídrico presentado por la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha reiterado que el agua es un derecho y un bien de la nación.
Lo segundo, porque el plan presentado por la Dra. Sheinbaum tiene cuatro ejes: política hídrica y soberanía nacional; justicia y acceso al agua; mitigación del impacto ambiental y adaptación al cambio climático; y gestión integral y transparente.
Y en un tercer nivel, porque tiene medidas concretas como regular las concesiones, la tecnificación del campo que ya está en marcha, un plan maestro entre los tres niveles de gobierno, proyectos estratégicos regionales, así como el saneamiento de ríos.
Es fundamental la tecnificación del campo como un mecanismo para cuidar el vital recurso. La realidad es que el problema del agua será la mayor dificultad de nuestros tiempos; la dinámica demográfica, la escasez del producto y la dificultad logística para obtenerlo plantean una ecuación complicada.
La carencia de agua no solo limita el acceso al recurso para consumo humano y el campo, sino que también afecta a los ecosistemas y pone en riesgo la seguridad alimentaria, lo que convierte al agua en un recurso estratégico, no solo para México sino para todo el mundo.
Es absurdo pensar en balas de plata como que con una sola obra se pueda resolver este problema. Lo que se debe hacer es pensar en soluciones integrales, desde una perspectiva de medio ambiente, derechos y educación, con acciones concretas como la atención a las fugas; la captación del agua de lluvia; la recuperación de suelos, el saneamiento de acuíferos y bordos; una mejor regulación para las industrias; actualizar nuestras normas de desarrollo urbano y de construcción; fomentar la educación ambiental y la reducción del consumo. La colaboración entre todos será fundamental para asegurar este líquido para nuestras futuras generaciones.






