La salud mental podría convertirse en una de las prioridades de la política pública en la Ciudad de México. Una iniciativa presentada por la jefa de Gobierno, Clara Brugada, propone crear una nueva Ley de Salud Mental, Bienestar Emocional y Atención Integral al Consumo de Sustancias Psicoactivas, con el objetivo de fortalecer la prevención, atención y tratamiento de trastornos emocionales y adicciones.
La propuesta plantea destinar una inversión adicional equivalente al 5 por ciento del presupuesto total de la Secretaría de Salud Pública local para programas relacionados con salud mental y adicciones, en un esfuerzo por ampliar la cobertura y garantizar una atención más accesible para la población.
El proyecto también contempla la creación del Instituto para la Atención a la Salud Mental y las Adicciones (IASAMA), organismo que tendría la responsabilidad de coordinar políticas, programas y servicios especializados en esta materia. De acuerdo con la iniciativa, el nuevo instituto deberá garantizar que los tratamientos sean accesibles, voluntarios y centrados en las necesidades de cada persona.
Además, se busca que las 16 alcaldías participen de forma activa mediante consejos de atención integral y campañas de información y prevención, con el fin de acercar los servicios a las comunidades y reducir el estigma que aún persiste en torno a los problemas de salud mental.
La iniciativa propone además abrogar la Ley de Salud Mental del Distrito Federal vigente desde 2011 y sustituirla por un modelo que integre la atención de la salud mental y las adicciones bajo una perspectiva de derechos humanos, inclusión social y autonomía de las personas.
Especialistas han señalado en diversas ocasiones que la atención temprana de condiciones como ansiedad, depresión y consumo problemático de sustancias puede mejorar significativamente la calidad de vida de las personas y reducir el impacto social y económico asociado a estos padecimientos.
De ser aprobada por el Congreso capitalino, la nueva legislación marcaría uno de los cambios más importantes en la política de salud pública de la Ciudad de México durante los últimos años, al colocar el bienestar emocional como un componente central del desarrollo social y comunitario



