
Hace unas semanas, la CNTE inició manifestaciones y un plantón en el Zócalo de la Ciudad de México que, hasta el día de hoy, se mantienen. Han elevado la presión sin hacer ningún tipo de concesión frente a todo lo que el gobierno les ha ofrecido, por lo que su movimiento enfrenta hoy un desgaste. Hicieron una apuesta equivocada.
Frente a todas las demandas que plantean, las mesas de trabajo encabezadas por la Secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, y el Secretario de Educación, Mario Delgado, les han dado solución prácticamente a todas, menos a una que es presupuestalmente imposible: la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007.
Hace unos días, el director general del ISSSTE, el Dr. Martí Batres, aseguró que abrogar esta ley representaría para el Estado mexicano un pasivo de 7 billones de pesos, equivalente al 20% del PIB de México.
La CNTE sabe que es una demanda irrealizable. El Presupuesto de Egresos de la Federación para 2026 fue de 9 billones de pesos, de modo que ese pasivo equivaldría a más de tres cuartas partes de todo el presupuesto anual. Ningún país del mundo está en condiciones de destinar semejante proporción a pensiones.
Trasladar ese costo a los propios trabajadores, por ejemplo, disponiendo de los recursos de sus Afores, tampoco es la solución y, en realidad, la CNTE no tiene una propuesta técnica con un mínimo de factibilidad para que su demanda se cumpla.
En los gobiernos de la Cuarta Transformación, el sueldo de los docentes ha tenido el incremento más grande de la historia. Pasaron de ganar 6 mil pesos en 2018 a casi 20 mil durante la gestión de la Presidenta Sheinbaum; es decir, su salario casi se triplicó en ocho años.
Si han sido de los sectores más beneficiados y saben que es imposible abrogar la Ley del ISSSTE, ¿por qué mantener la presión? Con lo avanzado y logrado en las mesas de negociación, podrían regresar exitosos a sus estados.
Frente a esto, la Presidenta de la República, la Dra. Claudia Sheinbaum, ha planteado una nueva relación directa con maestras y maestros, sin intermediarios, como ya se hizo en la Ciudad de México durante su gestión como Jefa de Gobierno. En aquel entonces, la Autoridad Educativa Federal atendía directamente las gestiones de escuelas y docentes, respetando los espacios sindicales.
Hoy, la narrativa de la CNTE se centra en posicionar la idea de un gobierno que reprime e incumple. La realidad es la contraria: se les han presentado propuestas para todas sus demandas, salvo aquellas que son inviables.
Se ha ofrecido el fortalecimiento del PENSIONISSSTE y del Fondo de Pensiones para el Bienestar, una comisión permanente con el magisterio, mesas técnicas para revisar a fondo la Ley del ISSSTE de 2007 e incluso una aseguradora pública para los docentes, todo ello sobre la base de un incremento salarial ya otorgado.
La Presidenta Sheinbaum, la Secretaria Rosa Icela y el Secretario Mario Delgado han manejado la situación con ética e inteligencia, sin una sola imagen de represión. Han condenado la violencia “venga de donde venga”, reconocido el derecho a la manifestación pacífica y mantenido en todo momento abierta la puerta del diálogo. Las alternativas de la CNTE son regresar a las mesas de trabajo, que es lo que más les conviene a todos, o prolongar un plantón que se vacía cada vez más. ¿Y ahora qué?






