Este sábado 28 de febrero, Estados Unidos e Israel llevaron a cabo una ofensiva militar conjunta contra Irán, marcada por bombardeos aéreos sobre Teherán y al menos una docena de ciudades, incluidas Qom, Kermanshah, Isfahán y Karaj. En la capital iraní se registraron fuertes explosiones en zonas estratégicas, entre ellas el palacio presidencial y sedes de seguridad, mientras columnas de humo se elevaban sobre distintos puntos urbanos.
La operación fue anunciada como una acción de “gran envergadura” tras semanas de amenazas vinculadas al programa nuclear iraní. En respuesta, Irán lanzó misiles contra territorio israelí y contra bases estadounidenses en Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, intensificando el riesgo de un conflicto regional abierto.
Las reacciones internacionales no se hicieron esperar: algunos aliados expresaron respaldo a la ofensiva, mientras que diversos gobiernos y organismos multilaterales condenaron el ataque y advirtieron que socava la estabilidad en Medio Oriente. El temor a una escalada regional domina el panorama diplomático, en un contexto de creciente tensión que mantiene a la comunidad internacional en alerta.






