Perú volvió a entrar en un episodio de inestabilidad política después de que el Congreso destituyera este lunes al presidente interino José Jerí, a menos de dos meses de las elecciones generales previstas para este año. La decisión profundiza la crisis institucional que arrastra el país y marca el octavo cambio presidencial en menos de una década.
La destitución, aprobada por mayoría parlamentaria, se produjo tras semanas de tensiones entre el Ejecutivo y el Legislativo, en un contexto en el que la figura de Jerí había quedado debilitada por disputas internas y falta de apoyo político. Aunque su mandato era temporal, su salida abrupta añade incertidumbre al proceso electoral y al rumbo del país en los próximos meses.
Analistas políticos señalan que la sucesión continua de presidentes —motivada por renuncias, vacancias y destituciones— refleja una profunda fragmentación política y un desgaste de las instituciones democráticas, que ha erosionado la confianza ciudadana.
Tras la votación, el Congreso deberá juramentar a una nueva autoridad interina mientras avanza el calendario electoral. Sin embargo, especialistas advierten de que la constante rotación en la Presidencia amenaza con complicar la transición hacia un nuevo gobierno elegido en las urnas.
La situación genera preocupación tanto dentro como fuera del país, especialmente por el impacto que la inestabilidad puede tener en la economía, la gobernabilidad y el clima social de cara a las elecciones.






