Dinamarca elimina oficialmente el método de “dejar llorar” en bebés

Un giro histórico en la crianza:

Dinamarca dio un paso decisivo en la protección de la infancia: el país dejó atrás el método de “dejar llorar” (cry-it-out), práctica que consistía en ignorar el llanto de los bebés para fomentar una supuesta autonomía temprana. El cambio se originó en una protesta de 700 psicólogos contra manuales obsoletos y terminó transformando las directrices nacionales de salud.

¿Qué cambió oficialmente?

– El sistema de salud danés, a través de sus enfermeras visitadoras (que supervisan a cada recién nacido), eliminó cualquier recomendación que implique ignorar el llanto.

– El nuevo protocolo nacional se centra en la Teoría del Apego y la Regulación Externa, promoviendo la respuesta activa y el consuelo como pilares del desarrollo infantil.

La ciencia detrás del cambio

1. Cortisol vs. Desarrollo: La neurociencia demostró que el llanto prolongado inunda el cerebro de cortisol, hormona que en exceso daña las conexiones neuronales en formación, afectando memoria y control de impulsos.

2. El mito de la autonomía: Los bebés no aprenden a autorregularse mediante el aislamiento. La autorregulación surge de la repetición de ser consolado.

3. Indefensión aprendida: Un bebé que deja de llorar tras ser ignorado no “aprende a dormir”; su cerebro entra en un estado de desesperanza y ahorro de energía.

Mientras Dinamarca avanza hacia una crianza basada en la confianza, muchos países —incluyendo gran parte de Latinoamérica y Estados Unidos— siguen promoviendo la “independencia temprana” como un logro, cuando en realidad se trata de una desconexión biológica.

Elegir el camino del consuelo es más agotador: noches largas, brazos cansados y paciencia infinita. Sin embargo, es un precio que muchas familias pagan con orgullo, conscientes de que están construyendo un cerebro basado en la confianza y no en el miedo.

La ciencia es clara: responder al llanto no es malcriar, es cuidar la salud mental del futuro. Dinamarca marca un precedente mundial que podría transformar la manera en que entendemos la crianza y el desarrollo infantil.

MÁS INFORMACIÓN

MÁS INFORMACIÓN

NOTAS RELACIONADAS