La inclusión no se limita a políticas bien intencionadas, sino que se refleja en los entornos que habitamos, afirmó Gerardo Sánchez Guadarrama, periodista y facilitador en procesos de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI). En ese sentido, instalar salas de lactancia en los centros de trabajo no es un gesto simbólico, sino una acción estructural de equidad.
📊 Cifras que revelan la urgencia
- Solo el 28.6% de bebés menores de seis meses reciben lactancia materna exclusiva en México.
- A nivel mundial, la tasa es del 44%, aún lejos del objetivo del 50% para 2025.
- Las principales barreras son estructurales: falta de espacios adecuados, jornadas rígidas y estigmas persistentes.
Las salas de lactancia tienen más de un siglo de historia. Desde las fábricas europeas en el siglo XX hasta su formalización por la OIT en 1919, estos espacios han sido parte de políticas públicas de salud y equidad. En México, instituciones como la Suprema Corte de Justicia de la Nación y organismos internacionales como la ONU han marcado precedentes al habilitar salas dignas y funcionales.
La Norma Mexicana en Igualdad Laboral y No Discriminación exige la instalación de salas de lactancia como parte de los criterios de certificación. Para ello, existe una guía oficial elaborada por la Secretaría de Salud, IMSS, STPS y UNICEF, que orienta sobre su diseño, funcionamiento y sostenibilidad.
🧠 Perspectiva DEI: del discurso al entorno
Garantizar el derecho a lactar implica:
- Espacios limpios, privados y accesibles
- Tiempos reales de extracción sin penalización
- Sensibilización organizacional en todos los niveles
- Una cultura institucional que entienda el cuidado como derecho colectivo
“La inclusión no se improvisa, se diseña y se implementa con corresponsabilidad”, concluyó Sánchez Guadarrama.






