Miles de trabajadores de las principales agencias de salud de Estados Unidos fueron despedidos este martes como parte de una drástica reestructuración ordenada por el gobierno federal, que busca eliminar 10,000 puestos en el sector. La medida, anunciada la semana pasada por el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., forma parte de una reforma más amplia para reorientar los esfuerzos del departamento hacia la prevención de enfermedades crónicas.
Los empleados afectados —pertenecientes al Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) y a agencias como la FDA, los CDC y los NIH— se enteraron de su despido a través de correos electrónicos o al descubrir que sus tarjetas de acceso ya no funcionaban al llegar a sus centros de trabajo, según testimonios y fotos difundidos en redes sociales.
Medios estadounidenses reportaron que a varios funcionarios de alto rango, incluida Jeanne Marrazzo —sucesora de Anthony Fauci en una división clave de los NIH—, se les ofreció trasladarse a oficinas en lugares remotos como Alaska u Oklahoma, una medida interpretada como un intento de forzar renuncias.
Robert Califf, excomisionado de la FDA durante los gobiernos de Obama y Biden, advirtió sobre el impacto de la medida: “La FDA, tal como la conocíamos, se acabó. La mayoría de los líderes con conocimiento institucional y experiencia en seguridad de productos ya no están”.
La reestructuración ocurre en un momento crítico: Estados Unidos enfrenta el peor brote de sarampión en años y crecen los temores por un posible salto a humanos de la gripe aviar. Kennedy, criticado por su escepticismo hacia las vacunas, incluso sugirió dejar que el virus aviar se propague libremente entre aves de corral, alarmando a expertos en salud pública.
Según un comunicado oficial, los despidos reducirán la plantilla del HHS de 82,000 a 62,000 empleados, con un ahorro estimado de 1,800 millones anuales.
