Pobladores de la ciudad birmana de Mandalay continúan buscando desesperadamente sobrevivientes entre los escombros, tras el violento terremoto de magnitud 7.7 que sacudió el país el viernes, dejando al menos 1.600 muertos en Birmania y 17 en Tailandia. Las labores de rescate se han visto complicadas por nuevas réplicas, incluida una de magnitud 6.7, mientras las autoridades temen que el número de víctimas aumente.
El sismo, cuyo epicentro se ubicó en la ciudad de Sagaing, ocurrió a poca profundidad y se sintió incluso en Bangkok, a más de 1.000 kilómetros de distancia. En Mandalay, una de las zonas más afectadas, edificios residenciales, puentes y templos colapsaron, dejando a cientos atrapados. La Cruz Roja estima que más de 90 personas podrían estar bajo los restos de un edificio de doce pisos.
La ONU alertó sobre las graves limitaciones del sistema de salud birmano, debilitado por años de conflicto interno tras el golpe militar de 2021. La falta de equipos médicos y la escasa infraestructura complican la atención a los miles de heridos.
Ante la magnitud del desastre, el líder de la junta militar, Min Aung Hlaing, pidió asistencia internacional. “Invitamos a cualquier país u organización a ayudar”, declaró, en un inusual llamado ante la emergencia.
Mientras tanto, en Tailandia, las autoridades reportaron daños menores, aunque el sismo causó pánico en Bangkok, donde varias estructuras sufrieron grietas.
Con comunicaciones limitadas y zonas inaccesibles, se teme que el balance final de víctimas sea aún más grave. Los equipos de rescate trabajan contra el tiempo, en medio de la incertidumbre y las continuas réplicas.