La guerra en Siria experimenta un nuevo recrudecimiento con la ofensiva de insurgentes que logró tomar el control de gran parte de la ciudad de Alepo. En un giro inesperado, los rebeldes, liderados por Hayat Tahrir al Sham, infligieron una dura derrota al régimen de Bashar al-Assad, capturando edificios gubernamentales y prisiones.
El ejército sirio reconoció la gravedad de la situación, admitiendo que los insurgentes han penetrado en “amplias partes” de la ciudad y que han sufrido numerosas bajas. Los combates se extendieron a lo largo de más de 100 kilómetros, lo que indica la magnitud de la ofensiva rebelde.
Esta ofensiva se produce en un momento en el que se esperaba una relativa calma en la región, tras la entrada en vigor de un alto el fuego en el vecino Líbano. Sin embargo, los insurgentes aprovecharon la oportunidad para lanzar un ataque sorpresa contra las fuerzas del régimen.
La caída de amplias zonas de Alepo en manos de los insurgentes representa un duro golpe para el régimen de Al Asad. Alepo, la segunda ciudad más grande de Siria, fue un objetivo estratégico clave desde el inicio de la guerra civil en 2011. La pérdida de esta ciudad sería un duro revés para el régimen y podría reavivar el conflicto en todo el país.






