Unas 70 mil personas tomaron las calles de Madrid este sábado en una masiva manifestación convocada por el Sindicato de Inquilinas para exigir soluciones urgentes ante la insostenible crisis de la vivienda y el encarecimiento de los alquileres.
La movilización, que se replicó en otras ciudades del país, surge como respuesta al fracaso de los decretos gubernamentales en el Congreso y al clamor ciudadano por frenar los desalojos.
La masiva afluencia provocó un fuerte caos circulatorio y cortes totales en arterias principales de la capital, alterando la movilidad urbana durante horas. Aunque la marcha en Madrid transcurrió mayoritariamente bajo reivindicaciones vecinales, la jornada estuvo marcada por la alta tensión y conatos de violencia en distintos puntos del país —como en Valencia, donde se registraron altercados con las fuerzas de seguridad—, reflejando el hartazgo social y elevando la presión sobre el Ejecutivo español para replantear su estrategia habitacional.
Ante la escalada de las protestas y el amago de una futura huelga general, el presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), Antonio Garamendi, expresó su respeto a las movilizaciones ciudadanas por la vivienda, aunque advirtió que vigilarán de cerca las convocatorias de paro laboral por considerarlas de carácter perjudicial para la economía.
Por su parte, los organizadores insisten en que la presión en las calles continuará hasta que se garanticen bajadas reales en los precios residenciales.



