
El Imperio Romano, un siglo antes y uno después de iniciarse nuestra era, fue el creador de la legitimidad por el espectáculo. Por supuesto, el despedazamiento de seres humanos -aquí cabe bien la palabra cristianos- no era suficiente para mantener el consenso y se necesitaba algo de pan.
Este elemento alimenticio estaba al alcance del imperio, porque las correrías de sus legiones eran bastante productivas: los pueblos sometidos pagaban puntualmente sus cuotas y los habitantes de Roma eran los beneficiados directos.
Cabe señalar que esas prácticas no existieron entre los prehispánicos de lo que hoy es México. Aquí, el juego de pelota, junto con las danzas, eran juegos de guerra y solo ocasionalmente, entre los Quichés, de lo que ahora es Guatemala, eran celebrativos.
Se jugaba a la pelota para celebrar el nacimiento de un príncipe, una victoria militar o el término de un ciclo agrícola excelente. De todas maneras, no era un espectáculo y con frecuencia se hacía solo con la presencia de determinados dignatarios. Sobre todo, cuando se trataba de competencias en donde los ganadores “ganaban” el honor de ser sacrificados.
De todas maneras, nuestros antepasados no recurrieron al circo para legitimar al poder.
Lo de si el futbol es un elemento circense y, como tal, es un factor para la legitimidad, es verdad, pero solamente hasta cierto punto. El PRI, por ejemplo, llegó a deslindarse del futbol y cuando hubo mundiales, el gobierno no se atribuyó los méritos del espectáculo. Tal vez porque nuestra selección pues…bueno.
Por cierto, cuando Ignacio “Nacho” Trelles era el entrenador de la selección quiso combinar el elemento religioso con el nacionalismo. Los jugadores salieron a la cancha con una banderita cada uno y con una camiseta, bajo el jersey del uniforme, con la imagen de la Virgen de Guadalupe. Esa vez jugamos contra Inglaterra y el marcador fue de 7 a 0 en favor de la Pérfida Albión. En esas condiciones, difícilmente se podía usar a los seleccionados mexicanos como elementos para legitimar al gobierno.
Pero hay otros casos…
Se dice que, para el mundial de 1978 en Argentina, el desarrollo del torneo fue utilizado por la dictadura para hacer olvidar a los argentinos su realidad como país.
Esa intención tenía asideros dados los altos niveles de la entrega de los argentinos al futbol. Se cuenta, como un ejemplo, que un jovencito partidario del Boca, antes de morir pidió que le pusieran el uniforme del River y una vez vestido así, se limitó a decir: “Muere uno de ellos…”
El día de la final, Argentina contra Holanda, el general Rafael Videla llegó vestido de civil, pero cuando Jensen les anotó el primer gol a los argentinos, el dictador pidió que le llevaran su uniforme militar. Finalmente, las habilidades del capitán Pasarella, las jugadas de Ardiles y la autoridad de Mario Kempes en el área llevaron a una voltereta en el marcador.
Se decía que la dictadura se había apropiado del mundial, pero en los estadios y en las plazas de la celebración nació un grito que hace dudar de las afirmaciones en el sentido de que el futbol es solamente circo: ¡Argentina Campeón!, ¡Videla al paredón!… ¿El futbol será siempre solamente circo?odo milagro, fue muy celebrado.






