En su primer concierto en México, Bad Bunny volvió a incluir La Casita, el elemento que se ha convertido en símbolo de sus presentaciones recientes. Aunque en un inicio muchos pensaron que se trataba de un recurso escenográfico, el artista explicó que representa el hogar perdido por miles de puertorriqueños a causa de la gentrificación: el vecino desplazado, la abuela que resiste en su barrio y la comunidad que lucha por permanecer en el lugar donde siempre ha vivido.
La decisión de ubicar La Casita en la zona General B y no en las áreas más costosas generó polémica entre asistentes. Sin embargo, la intención fue clara: colocarla entre quienes suelen quedar relegados, aquellos que no pueden acceder a lo “premium” porque la vida ya es suficientemente difícil. El descontento surgió de expectativas rotas, pues muchos esperaban tenerla cerca para tomarse fotografías y persiste la idea de que lo más importante de un espectáculo debe estar al centro del recinto. No obstante, ese contraste reforzó el mensaje:
‘La Casita no está pensada para quienes ya lo tienen todo, sino para quienes rara vez son reconocidos‘.
Al final, guste o no la decisión, el significado permanece. La Casita habla de raíces, resistencia y de la gente que habitualmente queda en último lugar, incluso dentro de un concierto.






