{"id":52959,"date":"2025-10-17T11:53:05","date_gmt":"2025-10-17T17:53:05","guid":{"rendered":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/?p=52959"},"modified":"2025-10-17T11:53:43","modified_gmt":"2025-10-17T17:53:43","slug":"la-guerra-de-los-pasteles-la-ingenuidad-mexicana-frente-al-poder-de-las-potencias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/?p=52959","title":{"rendered":"La Guerra de los Pasteles: la ingenuidad mexicana frente al poder de las potencias"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image alignleft size-full is-resized is-style-rounded\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"769\" height=\"1024\" loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/la-guardia.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/Imagen-de-WhatsApp-2023-11-17-a-las-18.53.32_c2df574c.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3337\" style=\"width:107px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/la-guardia.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/Imagen-de-WhatsApp-2023-11-17-a-las-18.53.32_c2df574c.jpg 769w, https:\/\/la-guardia.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/Imagen-de-WhatsApp-2023-11-17-a-las-18.53.32_c2df574c-225x300.jpg 225w, https:\/\/la-guardia.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/Imagen-de-WhatsApp-2023-11-17-a-las-18.53.32_c2df574c-113x150.jpg 113w\" sizes=\"auto, (max-width: 769px) 100vw, 769px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><strong>Por: Onel Ortiz<\/strong> <a href=\"https:\/\/twitter.com\/onelortiz\">@onelortiz<\/a><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La tarde era calurosa en Tacubaya, un 9 de diciembre de 1828, cuando un grupo de soldados del Ej\u00e9rcito Mexicano, exhaustos tras una jornada de disturbios pol\u00edticos, decidi\u00f3 irrumpir en una pasteler\u00eda propiedad del franc\u00e9s Remontel.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La pasteler\u00eda, ubicada en una esquina polvorienta de Tacubaya era conocida por su reposter\u00eda fina, elaborada con recetas tra\u00eddas desde Burdeos. Remontel, como muchos inmigrantes franceses llegados al M\u00e9xico independiente, hab\u00eda apostado por el comercio local.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los soldados irrumpieron en el local. Algunos buscaban comida; otros, simplemente desahogaban el desorden que reinaba en el pa\u00eds tras las revueltas entre federalistas y centralistas. Los escaparates de cristal fueron destrozados a culatazos, los pasteles arrojados al suelo, el mobiliario convertido en astillas. Remontel, impotente, suplic\u00f3 respeto a la autoridad. \u201cSoy comerciante, no enemigo\u201d, gritaba entre los golpes y el ruido de los platos rotos. Pero sus palabras se perdieron entre risas y blasfemias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando el humo del saqueo se disip\u00f3, el franc\u00e9s present\u00f3 una queja ante las autoridades mexicanas, exigiendo el pago de 60 mil pesos por los da\u00f1os sufridos. Su petici\u00f3n fue ignorada. M\u00e9xico ten\u00eda problemas mayores: rebeliones internas, deudas con Inglaterra y Estados Unidos, y un gobierno incapaz de garantizar el orden p\u00fablico. La queja de un pastelero extranjero no figuraba en las prioridades del despacho presidencial.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pasaron los a\u00f1os, y la reclamaci\u00f3n de Remontel se convirti\u00f3 en bandera diplom\u00e1tica de Francia. En 1838, el rey Luis Felipe de Orleans, buscando proteger los intereses de sus s\u00fabditos y obtener compensaciones comerciales, envi\u00f3 una flota al Golfo de M\u00e9xico. El reclamo del pastelero, rid\u00edculo en apariencia, se convirti\u00f3 en el pretexto perfecto para exigir el pago de indemnizaciones por m\u00e1s de 600 mil pesos a M\u00e9xico. Cuando el gobierno se neg\u00f3, comenz\u00f3 el bloqueo del puerto de Veracruz y, con ello, la Guerra de los Pasteles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El 27 de noviembre de 1838, los ca\u00f1ones franceses abrieron fuego contra San Juan de Ul\u00faa, destruyendo parte del puerto y humillando a una naci\u00f3n a\u00fan d\u00e9bil y dividida. Todo por un saqueo en Tacubaya que el Estado mexicano nunca quiso reparar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aquel pastel aplastado en el suelo de la pasteler\u00eda Remontel termin\u00f3 convertido en s\u00edmbolo del desorden nacional. Fue la met\u00e1fora de un M\u00e9xico convulso, donde la soberan\u00eda se perd\u00eda entre disputas internas y el orgullo extranjero encontraba excusa en un dulce ultrajado. As\u00ed, el aroma de los pasteles se mezcl\u00f3 con el de la p\u00f3lvora, inaugurando una guerra que marc\u00f3, con iron\u00eda amarga, la fragilidad del M\u00e9xico independiente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la historia de M\u00e9xico, hay guerras que se libraron m\u00e1s por debilidad que por orgullo, y la llamada \u201cGuerra de los Pasteles\u201d fue una de ellas. No se trat\u00f3 de una disputa por un pastelero franc\u00e9s ni de una an\u00e9cdota pintoresca para los libros de texto; fue, en realidad, la primera muestra de c\u00f3mo las potencias extranjeras aprendieron a doblegar la soberan\u00eda mexicana apelando a la diplomacia de las ca\u00f1oneras. Fue tambi\u00e9n el reflejo de un pa\u00eds desunido, carente de inteligencia estrat\u00e9gica y de una comprensi\u00f3n real del contexto internacional que lo rodeaba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En 1838, cuando Francia bombarde\u00f3 Veracruz bajo el pretexto de reclamar 60 mil pesos por da\u00f1os a sus ciudadanos, M\u00e9xico era una naci\u00f3n fracturada. Apenas hab\u00edan pasado diecisiete a\u00f1os desde la independencia y el pa\u00eds ya hab\u00eda tenido m\u00e1s de una docena de gobiernos. La lucha entre federalistas y centralistas hab\u00eda desgarrado el tejido pol\u00edtico y social; la p\u00e9rdida de Texas, en 1836, hab\u00eda evidenciado la incapacidad del gobierno para sostener su propio territorio, y las arcas p\u00fablicas estaban vac\u00edas. En ese escenario de caos, cualquier pretexto serv\u00eda a las potencias para cobrarse con ca\u00f1ones lo que no lograban con diplomacia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El error de M\u00e9xico no fue solo militar o econ\u00f3mico, sino estrat\u00e9gico e intelectual. Las \u00e9lites pol\u00edticas de la \u00e9poca estaban m\u00e1s ocupadas en conspirar por el poder interno que en comprender el ajedrez internacional del siglo XIX. Francia, bajo el reinado de Luis Felipe de Orleans, buscaba ampliar su influencia comercial en Am\u00e9rica Latina y ve\u00eda en M\u00e9xico un objetivo f\u00e1cil. Los diplom\u00e1ticos franceses conoc\u00edan mejor la pol\u00edtica interna mexicana que muchos de los propios ministros de Bustamante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras Par\u00eds enviaba emisarios y flotas para proteger los intereses de sus comerciantes, M\u00e9xico carec\u00eda de una red de inteligencia diplom\u00e1tica capaz de anticipar los movimientos de las potencias. No hab\u00eda cuerpos consulares organizados, ni embajadores profesionales, ni informaci\u00f3n precisa sobre los intereses europeos en la regi\u00f3n. El pa\u00eds actuaba a ciegas, con una ignorancia suicida del entorno global.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La demanda del pastelero Remontel \u2014por absurda que parezca\u2014 fue solo el detonante de una maniobra pol\u00edtica cuidadosamente dise\u00f1ada. Francia no atac\u00f3 M\u00e9xico por un pastel, sino porque sab\u00eda que pod\u00eda hacerlo sin consecuencias. Esa es la verdadera ense\u00f1anza de aquel conflicto: los pueblos d\u00e9biles no necesitan enemigos; sus propios errores bastan para que las potencias los invadan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando la escuadra del almirante Charles Baudin bloque\u00f3 los puertos mexicanos en 1838, el pa\u00eds estaba atrapado en su propia par\u00e1lisis. El gobierno centralista de Bustamante enfrentaba rebeliones en el interior, disputas con los federalistas y crisis econ\u00f3micas en cascada. La burocracia militar era ineficiente, las tropas mal pagadas y los recursos pr\u00e1cticamente inexistentes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras Francia actuaba con una disciplina naval moderna, M\u00e9xico improvisaba una defensa desesperada. Solo la intervenci\u00f3n del general Antonio L\u00f3pez de Santa Anna, quien perdi\u00f3 una pierna en la defensa de Veracruz, dio al pa\u00eds un h\u00e9roe circunstancial y un s\u00edmbolo patri\u00f3tico moment\u00e1neo. Pero, parad\u00f3jicamente, ese mismo episodio lo devolver\u00eda al poder, inaugurando uno de los ciclos m\u00e1s oscuros del caudillismo mexicano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La falta de unidad pol\u00edtica fue m\u00e1s devastadora que las bombas francesas. En lugar de coordinar esfuerzos, los estados discut\u00edan competencias, los generales se desconfiaban entre s\u00ed, y los pol\u00edticos calculaban qui\u00e9n capitalizar\u00eda el desastre. As\u00ed se forj\u00f3 una derrota m\u00e1s moral que militar: una naci\u00f3n que no se conoce a s\u00ed misma ni conf\u00eda en su destino no puede defender su soberan\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Tratado de Paz de 1839, mediado por el Reino Unido, oblig\u00f3 a M\u00e9xico a pagar 600 mil pesos de indemnizaci\u00f3n, incluidos los reclamos del pastelero. Francia retir\u00f3 su flota, pero el da\u00f1o estaba hecho: el pa\u00eds hab\u00eda perdido credibilidad internacional y su comercio mar\u00edtimo qued\u00f3 devastado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s que una derrota militar, fue una derrota diplom\u00e1tica y econ\u00f3mica. Francia demostr\u00f3 que bastaba con un bloqueo naval para someter a un gobierno sin recursos, sin aliados y sin visi\u00f3n de Estado. As\u00ed naci\u00f3 en M\u00e9xico el principio de la deuda como instrumento de dominaci\u00f3n, que en d\u00e9cadas posteriores se repetir\u00eda con Inglaterra, Estados Unidos y nuevamente Francia en 1862.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La \u201cGuerra de los Pasteles\u201d no fue un episodio aislado, sino el primer ensayo del imperialismo moderno: una potencia utiliza el pretexto de los da\u00f1os a sus ciudadanos para imponer sus intereses comerciales. M\u00e9xico, sin inteligencia diplom\u00e1tica ni cohesi\u00f3n interna, cay\u00f3 en la trampa con una ingenuidad alarmante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La guerra evidenci\u00f3 otra debilidad estructural: la falta de visi\u00f3n internacional de la clase pol\u00edtica mexicana. Mientras Europa se repart\u00eda el mundo bajo el modelo del colonialismo econ\u00f3mico, M\u00e9xico segu\u00eda debatiendo su organizaci\u00f3n territorial y la religi\u00f3n del Estado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los gobiernos posindependentistas se comportaban como si M\u00e9xico fuera el centro del universo, ignorando que las potencias europeas compet\u00edan ferozmente por el control de los mares y los mercados. No hab\u00eda un cuerpo diplom\u00e1tico profesional, ni una pol\u00edtica exterior definida, ni una lectura estrat\u00e9gica del entorno global. En resumen: M\u00e9xico no sab\u00eda d\u00f3nde estaba parado en el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Francia no necesit\u00f3 conquistar el pa\u00eds; le bast\u00f3 demostrar que pod\u00eda hacerlo. Y ese gesto, m\u00e1s que las balas, fue el verdadero mensaje imperial: \u201csomos poder, ustedes son caos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A casi dos siglos de distancia, la Guerra de los Pasteles sigue ofreciendo lecciones inc\u00f3modas para el M\u00e9xico actual. Hoy no llegan ca\u00f1oneras al Golfo, pero la dependencia econ\u00f3mica, la deuda externa y las presiones comerciales siguen siendo formas modernas de intervenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e9xico contin\u00faa enfrentando presiones extranjeras disfrazadas de acuerdos comerciales o reformas estructurales, y la falta de inteligencia estrat\u00e9gica sigue siendo una constante. Como en 1838, muchas decisiones se toman sin un conocimiento profundo del entorno global, sin an\u00e1lisis prospectivo y sin visi\u00f3n de largo plazo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los conflictos internos \u2014pol\u00edticos, econ\u00f3micos y medi\u00e1ticos\u2014 distraen al Estado mexicano de los retos verdaderamente estrat\u00e9gicos: la defensa de su soberan\u00eda energ\u00e9tica, alimentaria y tecnol\u00f3gica. En lugar de ca\u00f1ones franceses, hoy son corporaciones multinacionales, calificadoras de riesgo y tribunales de arbitraje internacional los que marcan la pauta. El fondo es el mismo: un pa\u00eds que no domina la informaci\u00f3n ni anticipa los movimientos del poder global est\u00e1 condenado a repetir su historia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La lecci\u00f3n es clara: la soberan\u00eda no se defiende solo con armas, sino con inteligencia, diplomacia y unidad nacional. La ignorancia del contexto internacional fue el pecado original de 1838, y sigue siendo una amenaza latente en el siglo XXI.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La llamada \u201cGuerra de los Pasteles\u201d no fue una broma diplom\u00e1tica, sino el espejo de un pa\u00eds que confundi\u00f3 independencia con aislamiento. Fue el aviso temprano de que M\u00e9xico no pod\u00eda sobrevivir en el concierto de las naciones sin estrategia, sin unidad y sin inteligencia pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El pastelero Remontel fue solo un actor menor en una tragedia mayor: la de un pa\u00eds que a\u00fan no comprend\u00eda que su libertad deb\u00eda defenderse tambi\u00e9n en los despachos y en los puertos, en las embajadas y en los peri\u00f3dicos, no solo en los campos de batalla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy, frente a un mundo dominado por la tecnolog\u00eda, la geopol\u00edtica y las guerras comerciales, M\u00e9xico necesita recordar esa lecci\u00f3n de 1838: la fuerza sin inteligencia es debilidad, y la soberan\u00eda sin conocimiento es ilusi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los ca\u00f1ones franceses se retiraron hace mucho, pero el eco de su estruendo sigue record\u00e1ndonos que el verdadero enemigo de M\u00e9xico nunca ha estado afuera, sino en su incapacidad para prever, aprender y unirse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Consulta esta Opini\u00f3n en video a trav\u00e9s de YouTube:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\n<iframe title=\"La Guerra de los Pasteles- la ingenuidad mexicana frente al poder de las potencias\" width=\"800\" height=\"450\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/euRc4UEbeaU?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe>\n<\/div><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La tarde era calurosa en Tacubaya, un 9 de diciembre de 1828, cuando un grupo de soldados del Ej\u00e9rcito Mexicano, exhaustos tras una jornada de disturbios pol\u00edticos, decidi\u00f3 irrumpir en una pasteler\u00eda propiedad del franc\u00e9s Remontel.\u00a0 La pasteler\u00eda, ubicada en una esquina polvorienta de Tacubaya era conocida por su reposter\u00eda fina, elaborada con recetas tra\u00eddas [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":52962,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"nf_dc_page":"","footnotes":""},"categories":[8],"tags":[462],"class_list":["post-52959","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-opinion","tag-onel-ortiz"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/52959","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=52959"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/52959\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":52961,"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/52959\/revisions\/52961"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/52962"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=52959"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=52959"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=52959"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}