{"id":49852,"date":"2025-08-26T14:15:51","date_gmt":"2025-08-26T20:15:51","guid":{"rendered":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/?p=49852"},"modified":"2025-08-26T14:15:56","modified_gmt":"2025-08-26T20:15:56","slug":"la-oposicion-sin-argumentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/?p=49852","title":{"rendered":"La oposici\u00f3n sin argumentos"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image alignleft size-full is-resized is-style-rounded\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"960\" height=\"1436\" loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/la-guardia.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Imagen-de-WhatsApp-2023-11-29-a-las-12.59.29_76d9a8c5-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-4367\" style=\"width:107px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/la-guardia.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Imagen-de-WhatsApp-2023-11-29-a-las-12.59.29_76d9a8c5-1.jpg 960w, https:\/\/la-guardia.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Imagen-de-WhatsApp-2023-11-29-a-las-12.59.29_76d9a8c5-1-201x300.jpg 201w, https:\/\/la-guardia.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Imagen-de-WhatsApp-2023-11-29-a-las-12.59.29_76d9a8c5-1-685x1024.jpg 685w, https:\/\/la-guardia.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Imagen-de-WhatsApp-2023-11-29-a-las-12.59.29_76d9a8c5-1-100x150.jpg 100w, https:\/\/la-guardia.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Imagen-de-WhatsApp-2023-11-29-a-las-12.59.29_76d9a8c5-1-768x1149.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 960px) 100vw, 960px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><strong>Por: <\/strong>Ra\u00fal Bonifaz <strong><a href=\"https:\/\/twitter.com\/Bonifaz49\" data-type=\"link\" data-id=\"https:\/\/twitter.com\/Bonifaz49\">@Bonifaz49<\/a><\/strong><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Seg\u00fan Octavio Paz, el universo de los mexicanos tambi\u00e9n est\u00e1 poblado por palabras ambiguas. Estas son las \u201cmalas palabras\u201d, que, como buenos fantasmas, nunca se les ve en la claridad. Solamente las percibimos y las utilizamos en lo oscurito, casi siempre lo hacemos en voz baja por alguna extra\u00f1a raz\u00f3n. A este respecto, don Alfonso Reyes nos recordaba que los mexicanos aprendimos, desde hace muchos a\u00f1os, a \u201ccantar quedito\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, cuando la ocasi\u00f3n as\u00ed lo exige, estas palabras resuenan: de su existencia oculta pasan a la presencia explosiva. Es una forma de expresar que estamos fuera \u201cde s\u00ed\u201d y las malas palabras son un escape o una agresi\u00f3n directa. Entre esas expresiones est\u00e1 \u201cLa chingada\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El origen de la palabra no est\u00e1 claro. Entre los habitantes de Mesoam\u00e9rica, relacionados con el habla n\u00e1huatl, exist\u00eda la palabra xinaxtli o xinachtli, que es un fermento del pulque, pero no se le utilizaba con fines de agresi\u00f3n. En Guatemala y El Salvador se relaciona con las bebidas alcoh\u00f3licas y con menos intensidad se le relaciona con el licor en Espa\u00f1a, Ecuador, Chile y Per\u00fa. Por eso mismo, se piensa que la palabra es un fen\u00f3meno ling\u00fc\u00edstico que data de los tiempos llamados coloniales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La palabra tiene varias implicaciones. Inclusive, su significado var\u00eda de acuerdo con las entonaciones que se la apliquen. Hay tonalidades que reducen las dimensiones agresivas y se refieren al o los \u201cchingaquedito\u201d. Ser ching\u00f3n es ser distinguido en el plano del que se habla. Ser ching\u00f3n es tener capacidad para darle una chinga a sus vecinos o paisanos. Si se es ching\u00f3n se pueden hacer chingaderas y, entre m\u00e1s se protagonicen m\u00e1s se realza la percepci\u00f3n que las v\u00edctimas o espectadores tienen del ching\u00f3n. De vez en cuando, cuando las circunstancias as\u00ed lo requieren, puede lanzar chingadazos y someter a quienes le rodean. El ching\u00f3n puede mantener en chinga a todos y, cuando as\u00ed lo decida, mandar a todos a la chingada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ser \u201chijo de la chingada\u201d es ser hijo de una mujer que ya no es nada, porque todo lo perdi\u00f3 cuando fue tomada a la fuerza o cuando para hacerse de ella se utilizaron los enga\u00f1os. Algunos seguidores de Paz, en ese orden, sostienen que los mexicanos somos \u201chijos de la chingada!\u201d No somos chingones, porque somos hijos de la fuerza o del enga\u00f1o; como la chingada es la nada, somos hijos de nada y ese pecado original se traduce en penitencias que explican todos nuestros males.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Generalmente, estas figuras ret\u00f3ricas aparecen cuando no hay m\u00e1s palabras o argumentos, suelen ser una expresi\u00f3n falaz que pretende intimidar o provocar. Como en muchos casos recientes, la oposici\u00f3n, que se ha quedado sin argumentos para refutar el \u00e9xito de la Cuarta Transformaci\u00f3n, recurre expresamente a las mentadas de madre o figurativamente con actos que duelen como una mentada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los resultados sostienen los argumentos del Gobierno de M\u00e9xico, que logr\u00f3 que millones de mexicanas y mexicanos salieran de la pobreza, algo que le duele a la oposici\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Deber\u00eda ser tarea de la oposici\u00f3n generar argumentos fuera de lo vulgar y m\u00e1s cercanos a propuestas que les den una m\u00ednima oportunidad. Mientras, ante esas manifestaciones, queda pedir que no la ching\u2026 y mejor que se pongan a trabajar en beneficio de la gente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Seg\u00fan Octavio Paz, el universo de los mexicanos tambi\u00e9n est\u00e1 poblado por palabras ambiguas. Estas son las \u201cmalas palabras\u201d, que, como buenos fantasmas, nunca se les ve en la claridad. Solamente las percibimos y las utilizamos en lo oscurito, casi siempre lo hacemos en voz baja por alguna extra\u00f1a raz\u00f3n. A este respecto, don Alfonso [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":49853,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"nf_dc_page":"","footnotes":""},"categories":[8],"tags":[524],"class_list":["post-49852","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-opinion","tag-raul-bonifaz"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/49852","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=49852"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/49852\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":49854,"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/49852\/revisions\/49854"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/49853"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=49852"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=49852"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=49852"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}