{"id":47464,"date":"2025-07-18T13:08:12","date_gmt":"2025-07-18T19:08:12","guid":{"rendered":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/?p=47464"},"modified":"2025-07-18T13:08:18","modified_gmt":"2025-07-18T19:08:18","slug":"espionaje-y-santa-inquisicion-en-la-nueva-espana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/la-guardia.com.mx\/?p=47464","title":{"rendered":"Espionaje y Santa Inquisici\u00f3n en la Nueva Espa\u00f1a"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image alignleft size-full is-resized is-style-rounded\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"769\" height=\"1024\" loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/la-guardia.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/Imagen-de-WhatsApp-2023-11-17-a-las-18.53.32_c2df574c.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3337\" style=\"width:107px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/la-guardia.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/Imagen-de-WhatsApp-2023-11-17-a-las-18.53.32_c2df574c.jpg 769w, https:\/\/la-guardia.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/Imagen-de-WhatsApp-2023-11-17-a-las-18.53.32_c2df574c-225x300.jpg 225w, https:\/\/la-guardia.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/Imagen-de-WhatsApp-2023-11-17-a-las-18.53.32_c2df574c-113x150.jpg 113w\" sizes=\"auto, (max-width: 769px) 100vw, 769px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><strong>Por: Onel Ortiz<\/strong> <a href=\"https:\/\/twitter.com\/onelortiz\">@onelortiz<\/a><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante tres siglos, la Nueva Espa\u00f1a fue no solo una colonia espa\u00f1ola, sino un laboratorio de vigilancia social, represi\u00f3n ideol\u00f3gica y control religioso. Si la espada y la cruz llegaron juntas en las carabelas de Cort\u00e9s, con el paso del tiempo se afinaron en mecanismos mucho m\u00e1s sutiles pero igualmente letales: el espionaje pol\u00edtico y la Santa Inquisici\u00f3n. Ambos pilares del dominio virreinal actuaron como ojos y o\u00eddos de la Corona en un territorio vasto, diverso y, a sus ojos, potencialmente inestable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lejos de pensar que el espionaje moderno es un invento del siglo XX, la historia del virreinato nos muestra que la inteligencia, entendida como el ejercicio sistem\u00e1tico de vigilancia, recopilaci\u00f3n de informaci\u00f3n, procesamiento de rumores y delaci\u00f3n institucionalizada, fue pr\u00e1ctica cotidiana y central para el sostenimiento del orden colonial. El espionaje y la Inquisici\u00f3n compart\u00edan una misi\u00f3n esencial: detectar y neutralizar cualquier desviaci\u00f3n del dogma, del poder real o del orden moral establecido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No exist\u00eda en la Nueva Espa\u00f1a una agencia de inteligencia formal, pero s\u00ed una estructura s\u00f3lida, descentralizada y funcional de vigilancia permanente. El espionaje operaba sobre la base de lo que podr\u00edamos llamar hoy \u201cinteligencia comunitaria\u201d, una red informal de delatores y observadores que, en nombre de Dios, del Rey o del orden, se\u00f1alaban conductas, actitudes, herej\u00edas o insurrecciones potenciales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La figura del delator, que hoy consideramos con desprecio, era en aquel entonces una herramienta institucional legitimada. Cualquiera \u2014esclavo, sirviente, ind\u00edgena, comerciante, e incluso parientes cercanos\u2014 pod\u00eda acudir ante las autoridades virreinales o eclesi\u00e1sticas a denunciar comportamientos \u201csospechosos\u201d. Las motivaciones eran diversas: miedo, celo religioso, lealtad a la Corona, pero tambi\u00e9n revancha personal o promesas de recompensa econ\u00f3mica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El virrey, representante directo del rey en la colonia, contaba con informes constantes de alguaciles, corregidores, oidores de la Real Audiencia, alcaldes mayores y funcionarios locales. Estos documentos circulaban desde las provincias m\u00e1s alejadas hasta la Ciudad de M\u00e9xico, y de ah\u00ed, muchos eran enviados a Madrid. El espionaje virreinal se sofistic\u00f3 con el tiempo, sobre todo tras las reformas borb\u00f3nicas del siglo XVIII, que instauraron un modelo m\u00e1s centralizado y \u201cracional\u201d de administraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los correos mar\u00edtimos, especialmente entre Veracruz y Sevilla, transportaban no solo mercanc\u00edas y \u00f3rdenes reales, sino una valiosa cantidad de informes cifrados, cartas reservadas, retratos hablados de personajes inc\u00f3modos y advertencias de posibles conspiraciones. La vigilancia no se limitaba al centro del poder: tambi\u00e9n se desplegaba en los puertos, caminos, aduanas, conventos y seminarios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uno de los blancos prioritarios del espionaje era el mundo ind\u00edgena. La Corona tem\u00eda rebeliones como las de los incas o los tupamaros en Sudam\u00e9rica, y por ello incentivaba la infiltraci\u00f3n en los pueblos originarios. Sacerdotes biling\u00fces, doctrineros y caciques aliados eran utilizados como ojos de la Corona. Tambi\u00e9n se vigilaba con celo a los esclavos africanos, cuyas cofrad\u00edas eran vistas con sospecha. En el siglo XVIII, el nuevo sujeto inc\u00f3modo fue el criollo ilustrado, lector clandestino de Rousseau o Montesquieu, cuyos caf\u00e9s y tertulias eran espiados desde los p\u00falpitos o por \u201cfamiliares\u201d de la Inquisici\u00f3n disfrazados de eruditos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Instituida formalmente en 1571 por orden de Felipe II, la Santa Inquisici\u00f3n fue el mecanismo m\u00e1s temible y temido del aparato colonial. Su fachada era teol\u00f3gica: purificar la fe, castigar a los herejes, proteger el alma del virreinato. Pero su actuaci\u00f3n desbord\u00f3 r\u00e1pidamente el campo religioso para convertirse en una polic\u00eda ideol\u00f3gica, moral, cultural y hasta \u00e9tnica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los tribunales del Santo Oficio estaban formados por un entramado que combinaba saber teol\u00f3gico, autoridad jur\u00eddica y poder administrativo. Los inquisidores eran cl\u00e9rigos con capacidad de dictar sentencias; los calificadores, te\u00f3logos encargados de analizar doctrinas o conductas para determinar si constitu\u00edan herej\u00eda; y los familiares de la Inquisici\u00f3n, agentes laicos que pod\u00edan ser barberos, zapateros, escribanos o soldados, encargados de vigilar, escuchar y delatar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo m\u00e1s perverso del sistema inquisitorial era su car\u00e1cter secreto. El acusado no conoc\u00eda a su delator, no pod\u00eda defenderse abiertamente, y muchas veces ignoraba el motivo exacto de su detenci\u00f3n. Los procesos se realizaban en claustros cerrados, sin defensa adecuada, y se utilizaba la tortura como m\u00e9todo \u201cleg\u00edtimo\u201d de confesi\u00f3n. Aunque en la Nueva Espa\u00f1a fue raro el castigo capital (a diferencia de Espa\u00f1a o Per\u00fa), los autos de fe eran escenograf\u00edas de miedo: p\u00fablicas, humillantes, y cargadas de simbolismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Inquisici\u00f3n no depend\u00eda del virrey ni del arzobispo. Su mando directo ven\u00eda desde el Consejo de la Suprema Inquisici\u00f3n en Madrid, lo que le otorgaba autonom\u00eda absoluta. En muchos sentidos, fue un \u201cEstado dentro del Estado\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sus objetivos eran amplios:<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Jud\u00edos conversos (que practicaban en secreto el juda\u00edsmo)<\/li>\n\n\n\n<li>Protestantes extranjeros, especialmente ingleses y holandeses<\/li>\n\n\n\n<li>Personas que realizaban rituales ind\u00edgenas o africanos, considerados brujer\u00eda<\/li>\n\n\n\n<li>Lectores o poseedores de libros prohibidos (el \u00edndice era extenso e inclu\u00eda desde Erasmo hasta Cervantes)<\/li>\n\n\n\n<li>Mujeres sabias, curanderas, parteras, poetisas<\/li>\n\n\n\n<li>Criollos ilustrados, libertinos, masones incipientes<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que persegu\u00eda la Inquisici\u00f3n no era solo la desviaci\u00f3n teol\u00f3gica, sino la alteraci\u00f3n del orden simb\u00f3lico del poder colonial: el que pensaba por s\u00ed mismo, el que cuestionaba, el que sab\u00eda demasiado, era un riesgo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si el espionaje del virreinato ten\u00eda una funci\u00f3n preventiva (detectar y advertir), la Inquisici\u00f3n era el mecanismo correctivo y ejemplar. Juntos, formaban un aparato complementario que garantizaba la continuidad del dominio colonial, tanto en lo visible como en lo invisible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El sistema no solo castigaba a los disidentes: los disuad\u00eda antes de que lo fueran. Funcionaba con base en el miedo y en la autocensura. Saber que cualquiera pod\u00eda ser denunciado, que no hab\u00eda defensa posible, y que tu biblioteca o tus costumbres pod\u00edan llevarte al destierro, inhib\u00eda el pensamiento cr\u00edtico y la libertad individual.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es notable c\u00f3mo muchos de los m\u00e1s destacados pensadores de la \u00e9poca fueron objeto de vigilancia o persecuci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jos\u00e9 Joaqu\u00edn Fern\u00e1ndez de Lizardi, autor de El Periquillo Sarniento, pas\u00f3 por la c\u00e1rcel inquisitorial por difundir ideas ilustradas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sor Juana In\u00e9s de la Cruz, mujer excepcional en talento, fue presionada por el obispo de Puebla y otros jerarcas para renunciar a la escritura y la filosof\u00eda, bajo amenaza velada del Santo Oficio.<br>Fray Servando Teresa de Mier, dominico rebelde, fue perseguido y encarcelado varias veces por su defensa de los or\u00edgenes ind\u00edgenas del cristianismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En estos casos vemos c\u00f3mo la inteligencia colonial, encarnada en cartas, vigilancias, confiscaciones o procesos inquisitoriales, no era neutral: era un arma del poder, una forma de aplastar el pensamiento aut\u00f3nomo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La abolici\u00f3n de la Inquisici\u00f3n en 1820, como parte de las reformas constitucionales liberales de C\u00e1diz, marc\u00f3 formalmente el fin de este sistema en la Nueva Espa\u00f1a. Sin embargo, su cultura no desapareci\u00f3 con la independencia. La censura, la delaci\u00f3n, la vigilancia ideol\u00f3gica, fueron pr\u00e1cticas que continuaron en el M\u00e9xico independiente, desde los gobiernos conservadores del siglo XIX hasta las dictaduras militares de principios del siglo XX.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La desconfianza institucional hacia la cr\u00edtica, el autoritarismo como norma cultural, la criminalizaci\u00f3n del saber, son herencias profundas del modelo inquisitorial. Incluso hoy, cuando se analiza el papel de los aparatos de inteligencia en M\u00e9xico, las polic\u00edas pol\u00edticas, la censura de medios, el espionaje digital o el uso de la FGR contra opositores, se perciben ecos de aquel sistema colonial basado en el miedo, la sospecha y la delaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El autoritarismo no naci\u00f3 con Porfirio D\u00edaz ni con Gustavo D\u00edaz Ordaz. Tiene ra\u00edces m\u00e1s profundas, ligadas al modo en que se implant\u00f3 el dominio en Am\u00e9rica: no solo por la fuerza, sino por el control de las conciencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estudiar el espionaje y la Inquisici\u00f3n en la Nueva Espa\u00f1a no es solo un ejercicio de historia. Es revisar los archivos del miedo, comprender c\u00f3mo se construyen sistemas de dominaci\u00f3n, y por qu\u00e9 siguen teniendo vigencia simb\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El virreinato fue m\u00e1s que una colonia. Fue un r\u00e9gimen de control total: pol\u00edtico, religioso, simb\u00f3lico, \u00e9tnico. Y en su centro, dos engranajes afilados trabajaron en silencio durante siglos: el delator an\u00f3nimo y el inquisidor impasible. Uno escrib\u00eda cartas, el otro dictaba sentencias. Ambos serv\u00edan al mismo amo: el orden colonial, esa estructura que prohib\u00eda pensar, saber, rezar distinto o simplemente ser otro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Romper con esa l\u00f3gica sigue siendo tarea pendiente. Porque mientras haya estructuras que vigilen lo que se piensa o se cree, mientras se persiga a quien disiente, mientras se confunda la seguridad con el silencio, el esp\u00edritu del Santo Oficio no habr\u00e1 muerto. Eso pienso yo, usted qu\u00e9 opina. La pol\u00edtica es de bronce.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Consulta esta Opini\u00f3n en video a trav\u00e9s de YouTube:<\/strong><br><a href=\"https:\/\/youtu.be\/IIHfNjbwD1g?si=6tkL_Ur6CDhv4SLd\">https:\/\/youtu.be\/IIHfNjbwD1g?si=6tkL_Ur6CDhv4SLd<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante tres siglos, la Nueva Espa\u00f1a fue no solo una colonia espa\u00f1ola, sino un laboratorio de vigilancia social, represi\u00f3n ideol\u00f3gica y control religioso. 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