La noche del 7 de noviembre, el Palacio de Bellas Artes abrió sus puertas a una de las voces más reconocidas de la ópera contemporánea. La soprano letona Kristine Opolais, considerada una de las grandes intérpretes del repertorio pucciniano y del verismo, debutó en el máximo recinto cultural del país acompañada por el pianista mexicano Abdiel Vázquez, en un recital que reunió algunas de las arias más exigentes y emotivas de la literatura operística.
La presentación en la Sala Principal representó una oportunidad excepcional para el público mexicano de escuchar en vivo a una artista que ha conquistado escenarios como la Metropolitan Opera de Nueva York, la Royal Opera House de Londres, la Ópera Estatal de Baviera y la Staatsoper de Berlín.
El programa ofreció un recorrido por obras fundamentales de la ópera italiana, francesa y eslava, con interpretaciones de La Wally de Alfredo Catalani, La Gioconda de Amilcare Ponchielli, Adriana Lecouvreur de Francesco Cilea, La forza del destino de Giuseppe Verdi, Manon de Jules Massenet, Madama Butterfly de Giacomo Puccini y Andrea Chénier de Umberto Giordano.
Uno de los momentos más esperados de la velada fue la interpretación de la célebre “Canción a la Luna” de Rusalka, de Antonín Dvořák, una obra estrechamente ligada a la trayectoria artística de Opolais. Su interpretación de este personaje le ha valido reconocimiento internacional y permanece como una de las actuaciones más recordadas de su carrera.
A lo largo del recital, la soprano mostró el dominio vocal y la intensidad dramática que la han convertido en una referencia de personajes como Cio-Cio San en Madama Butterfly, Tatiana en Eugenio Oneguin, Polina en El jugador y Manon en Manon Lescaut. Su capacidad para combinar virtuosismo técnico con profundidad emocional quedó patente en cada una de las piezas interpretadas.
La participación de Abdiel Vázquez aportó solidez y sensibilidad al acompañamiento pianístico, en un programa que exigió precisión musical y una estrecha comunicación artística entre ambos intérpretes.
Con este esperado debut, Kristine Opolais dejó una huella significativa en Bellas Artes y ofreció al público mexicano una velada dedicada a algunas de las páginas más bellas e intensas del repertorio operístico internacional, reafirmando por qué es considerada una de las sopranos más destacadas de su generación.




