La relación hídrica entre México y Estados Unidos enfrenta una nueva tensión. Mientras autoridades y productores agrícolas de Texas exigen que México incremente las entregas de agua correspondientes al Tratado de Aguas de 1944, el Gobierno estadounidense prevé reducir el volumen de agua que enviará al país desde el Río Colorado durante los próximos dos años.
Representantes de la cadena de suministro de vegetales de Texas señalaron que, aunque México cumplió durante el último año con la entrega promedio anual establecida en el tratado, el volumen aportado no es suficiente para cubrir los adeudos acumulados de ciclos anteriores. De acuerdo con sus estimaciones, México mantiene una deuda cercana a los mil 24 millones de metros cúbicos de agua.
La presión desde el estado fronterizo ocurre al mismo tiempo que Estados Unidos argumenta una menor disponibilidad de agua en la cuenca del Río Colorado. Bajo ese escenario, el vecino país acordó entregar a México durante 2027 y 2028 un volumen inferior al que normalmente corresponde, equivalente a una reducción de 16.7 por ciento respecto de las asignaciones anuales habituales.
El reclamo texano genera preocupación en el norte de México debido a que una parte importante de las entregas realizadas recientemente provino de la presa El Cuchillo, en Nuevo León. Durante el año pasado, esta infraestructura aportó alrededor de 410 millones de metros cúbicos de agua para atender compromisos internacionales, un volumen que equivale a cerca de diez meses de consumo del área metropolitana de Monterrey.
Especialistas han advertido que la creciente presión sobre las reservas de agua en ambos países refleja los efectos combinados de la sequía, la disminución de escurrimientos y el aumento de la demanda agrícola y urbana. En este contexto, la administración del recurso se ha convertido en un tema cada vez más sensible para las regiones fronterizas.
El escenario plantea un desafío adicional para México: responder a las exigencias de entrega hacia Estados Unidos mientras enfrenta restricciones en la disponibilidad de agua y una reducción en los volúmenes que recibe desde el Río Colorado. La situación podría abrir una nueva etapa de negociaciones bilaterales en torno al cumplimiento y operación del Tratado de Aguas de 1944.
A medida que crece la presión de productores y autoridades texanas, el debate ya no gira únicamente en torno al cumplimiento de cuotas internacionales, sino también a cómo garantizar el abastecimiento de agua para millones de habitantes y actividades productivas en ambos lados de la frontera.






