Aunque México registró una ligera reducción en los niveles de trabajo infantil durante los últimos tres años, el problema continúa afectando a millones de niñas, niños y adolescentes. Datos de la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) del Inegi revelan que en 2025 alrededor de 3.5 millones de menores de entre 5 y 17 años realizaron alguna actividad laboral, cifra que representa el 12.6 por ciento de esa población y que, en términos generales, muestra pocos cambios respecto a la última década.
Del total de menores que trabajan, aproximadamente la mitad se encuentra en condiciones consideradas no permitidas por la legislación. Se trata de niñas, niños y adolescentes que laboran antes de cumplir la edad mínima establecida o que desarrollan actividades peligrosas para su salud, seguridad o desarrollo integral. La encuesta señala que 1.8 millones se encuentran en esta situación, una cifra que, aunque inferior a la observada en 2022, sigue evidenciando la persistencia del fenómeno.
La realidad del trabajo infantil presenta importantes diferencias regionales. Estados como Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Tabasco registran las tasas más elevadas del país, superando el promedio nacional. En contraste, entidades como Baja California y Sinaloa muestran niveles considerablemente menores, reflejando las desigualdades económicas y sociales que existen entre las distintas regiones del territorio nacional.
Las actividades agropecuarias concentran la mayor proporción de menores ocupados en trabajos no permitidos. Le siguen los sectores de servicios y comercio, donde también participan miles de niñas y niños. La encuesta identifica diferencias significativas entre hombres y mujeres: mientras los varones tienen una presencia más marcada en labores agrícolas y de construcción, las mujeres participan principalmente en actividades comerciales y de servicios.
Las condiciones laborales tampoco resultan alentadoras. Más de la mitad de quienes trabajan recibe ingresos equivalentes a un salario mínimo o menos, mientras que más de un tercio no obtiene ninguna remuneración por sus actividades. Muchos de estos menores colaboran en negocios familiares o realizan tareas productivas sin recibir pago alguno.
El estudio también confirma la estrecha relación que existe entre el trabajo infantil y las dificultades económicas de los hogares. Una parte importante de los menores señaló que trabaja para ayudar a sus familias, cubrir gastos personales o escolares, aprender un oficio o contribuir a enfrentar problemas financieros. De hecho, más de ocho de cada diez hogares con menores en situación de trabajo infantil reportaron haber enfrentado problemas graves o muy graves durante los últimos años, entre ellos el aumento en los precios de los alimentos, la pérdida de ingresos laborales, enfermedades, sequías o situaciones de inseguridad.
Los resultados de la encuesta muestran que, pese a algunos avances, México continúa enfrentando importantes desafíos para erradicar el trabajo infantil. La permanencia de cifras superiores a los tres millones de casos durante más de una década refleja que la pobreza, la desigualdad y la vulnerabilidad económica siguen empujando a miles de menores a incorporarse prematuramente al mercado laboral, limitando sus oportunidades de educación, bienestar y desarrollo pleno.




