
En estos días celebramos el decimoquinto aniversario del movimiento que nació de ideales, convicciones y, sobre todo, de la esperanza de transformar la vida pública de nuestro país.
Quince años después, vale la pena volver al origen y recordar aquello que nos une, lo que defendemos y las razones por las que seguimos caminando. Y vale la pena refrendar las convicciones, y en este caso es lo que yo creo que debe de ser el mínimo de lo que debemos creer como izquierda.
Reconozco que no tengo autoridad moral y política para hacerlo, solo es un ejercicio de reflexión y de compartir ideales. Creo en el ser humano: el que trabaja, el que cuida, el que sufre y todavía espera. Este es el centro del humanismo, y todo lo demás se ordena hacia él.
Creo en el pueblo, sabio en la experiencia de sobrevivir, soberano en el momento de decidir; creo que el poder solo es legítimo cuando obedece y que gobernar es servir y nunca servirse.
Creo en la justicia, y creo que empieza por los últimos: por el bien de todos, primero los pobres. Creo que no hay nación próspera con mayorías en el olvido, ni paz verdadera edificada sobre el privilegio de unos cuantos.
Creo en la igualdad como punto de partida y en la fraternidad como destino; creo en la honestidad como forma de gobierno y no como adorno del discurso.
Creo que la corrupción es la principal causa de la desigualdad y de la violencia, y que combatirla no es una consigna, es una obligación diaria; creo en la austeridad de quien manda para que alcance para quien menos tiene.
Creo en la soberanía, en el derecho de un pueblo a decidir su rumbo sin tutelas, y creo que el amor a la patria se demuestra cuidando a los que la habitan; creo en la paz, y en la atención a las causas, procurando a los jóvenes, sembrando oportunidad donde antes solo hubo abandono.
Creo que la política, bien entendida, es una forma del amor al prójimo; creo en el progreso, pero solo cuando reparte lo que produce, porque el avance que concentra la riqueza y despide al que trabaja no es progreso, es despojo.
Creo que la inteligencia artificial debe servir al ser humano y jamás el ser humano a la máquina; creo que ningún algoritmo puede decidir el destino de una persona, que ningún dato vale más que una vida; creo que el conocimiento es un bien público, y que negarlo a los pobres es la forma moderna de mantenerlos abajo.
Creo en la tierra que habitamos y en los que vendrán después, y creo que no somos dueños del mundo, sino sus deudores. Creo en la esperanza, la más terca de las virtudes, y creo que otro país es posible porque ya lo estamos haciendo. En esto creo. Y tengo la certeza de que Morena es la única vía para mantener la transformación del país. ¡Feliz cumpleaños, Morena!






