La policía israelí impidió al Patriarca Latino de Jerusalén y a un sacerdote de la iglesia del Santo Sepulcro celebrar la misa de Domingo de Ramos, lo que generó condenas internacionales. La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, calificó el hecho como “una ofensa no solo para los creyentes sino para cualquier comunidad que respete la libertad religiosa”, mientras que la cancillería italiana anunció que convocará al embajador de Israel.
Francia también expresó su rechazo, subrayando la importancia de garantizar el libre ejercicio de la fe en lugares sagrados. El incidente ocurre en un contexto de alta tensión en Jerusalén y pone de relieve la sensibilidad internacional respecto a la libertad religiosa en sitios emblemáticos para la cristiandad.






