El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este sábado que el líder supremo de Irán, Ayatollah Ali Khamenei, fue asesinado durante una serie de ataques militares conjuntos entre fuerzas estadounidenses e israelíes contra objetivos estratégicos iraníes. Trump afirmó en sus redes sociales que Khamenei y varios altos mandos del régimen habían muerto en el marco de lo que calificó como una operación para desmantelar la amenaza nuclear y militar de Teherán.
Según el mandatario estadounidense, el golpe representaría “una oportunidad histórica” para que el pueblo iraní recupere el control de su país, instando a las fuerzas armadas de Irán a deponer las armas y buscar inmunidad. También aseguró que los bombardeos continuarían mientras fuese necesario para garantizar la paz en Medio Oriente.
Sin embargo, autoridades iraníes han rechazado enérgicamente estas versiones. Voceros del gobierno y medios estatales afirman que el líder supremo está “estable y comandando en el campo de batalla”, calificando las informaciones de su supuesta muerte como parte de una guerra psicológica de los adversarios. Además, denunciaron que los ataques conjuntos constituyen un crimen de guerra y defendieron la resiliencia de sus estructuras de mando.
La comunidad internacional observa con inquietud el desarrollo de estos hechos, mientras se multiplican las respuestas y condenas desde diferentes gobiernos y organismos multilaterales. Las discrepancias entre las versiones estadounidenses/israelíes e iraníes han generado un clima de confusión, con importantes implicaciones geopolíticas y riesgos de una escalada militar aún mayor en la región.




