“Therian”: la nueva tendencia juvenil que genera fascinación y preocupación en Chile y otros países

En los últimos meses, una tendencia denominada “therian” comenzó a captar la atención —y también el desconcierto— de familias, docentes y especialistas en varios países, especialmente en Chile, donde el fenómeno ha cobrado fuerza entre adolescentes y jóvenes.

Los therians son personas que se identifican, total o parcialmente, con un animal. Esta expresión suele traducirse en comportamientos o estéticas que imitan a determinadas especies: desde movimientos corporales y sonidos, hasta el uso de colas, orejas, collares o accesorios que evocan una identidad animal. Aunque el fenómeno no es nuevo y tiene raíces en comunidades online desde hace décadas, su expansión reciente en redes sociales como TikTok e Instagram impulsó su visibilidad entre los más jóvenes.

En Chile, el tema genera debate tras difundirse vídeos de estudiantes comportándose como animales dentro y fuera de los centros educativos. Esto despertó preocupación en sectores de la comunidad escolar y entre familias, que cuestionan si se trata simplemente de una forma de expresión, una búsqueda identitaria propia de la adolescencia o si existen implicaciones psicológicas que requieren atención.

Especialistas en salud mental consultados por medios locales subrayan que, en la mayoría de los casos, estas expresiones forman parte de procesos de exploración personal y no representan un trastorno. Sin embargo, advierten que cuando la conducta causa aislamiento, conflictos sociales o deterioro emocional, sí puede ser necesario un acompañamiento profesional.

Las autoridades educativas chilenas piden cautela ante el aumento de la tendencia, evitando estigmatizar a los estudiantes y poniendo el acento en la contención emocional y el diálogo dentro de los centros. Asimismo, recomiendan que familias y docentes presten atención al impacto que tienen las redes sociales en la construcción de identidades juveniles y fomenten espacios de confianza para hablar del tema.

Mientras tanto, la conversación continúa expandiéndose por América Latina y otras regiones, alimentada por redes sociales y por la creciente visibilidad de comunidades que reivindican esta forma de autoexpresión. Para algunos, se trata de una moda más; para otros, un síntoma del cambiante panorama cultural y emocional de las nuevas generaciones.

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